El Gobierno debe confiar en la libertad del tipo de cambio, de salarios y de tasa de interés

Estamos ante la paradoja de que el gobierno libertario logró la condición de base para que los mercados funcionen (equilibrio fiscal) pero tiene a los mercados presos con la banda cambiaria, la homologación de paritarias y los altos encajes bancarios.
ECONOMIA07/11/2025
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Se ha planteado una controversia en torno al tipo de cambio. Desde el gobierno se insiste en que el régimen cambiario debe mantenerse con las bandas, tal como viene siendo. Otros analistas señalan que el régimen cambiario debería ir a la flotación.

La razón de los primeros es que, si se libera el tipo de cambio, la inestabilidad del tipo de cambio puede impactar en la inflación. La razón de los segundos es que, tener un sistema de bandas cambiarias donde el tipo de cambio está siempre pegado al techo, no es banda, es tipo de cambio fijo. La verdad está más del lado de los flotadores que de los conservadores de las bandas. 

Vienen excelentes noticias, como la ayuda de Estados Unidos comprando pesos (cosa impensable hasta minutos antes de que el hecho ocurra), triunfo rotundo del gobierno en las urnas de medio término, re-empoderamiento del presidente que parecía debilitado por sus circunstancias, baja del riesgo-país a 600 puntos desde arriba de 1.000, una inflación que se muestra controlada. Sin embargo, el dólar sigue pegado al techo. Es como que la gente festeja y vota al gobierno, pero al dólar no le afloja. Pegado en $1.500.

En esta perspectiva, lo más recomendable (aunque la transición pueda ser costosa) es liberar el tipo de cambio para que busque su equilibrio en el nivel en que la gente deje de demandarlo en exceso. La transición puede ser costosa porque parte de la devaluación que se produzca va a pasar a precios. Pero, como la teoría económica y la experiencia pasada lo indican, siempre que hay una liberación del tipo de cambio hay un "overshooting", esto es, el dólar primero sube fuerte y luego baja, no al nivel original, pero a uno intermedio. 

Esto es producto de que, luego de la fuerte subida del dólar, la demanda cae y la oferta crece. Entonces, la transición es volátil pero el destino es mejor porque se pasa a tener un nivel de tipo de cambio más alto, pero más creíble y estable. Sería -haciendo supuestos ejemplificativos, no proyectivos- que se libere el dólar y se vaya a $1.800 y luego baje para quedarse (liberado) entre $1.600 y $1.700.

Teniendo el tipo de cambio liberado en un nivel donde la demanda de dólares de ahorro y especulativa esté contenida, hay que liberar los otros dos precios del sector productivo: los salarios y la tasa de interés para capital de trabajo.

Hay que aclarar que en Argentina los salarios son controlados. Lo son, no por el Estado, sino por las burocracias empresariales y sindicales. Las paritarias son regulaciones que por imperio de la Ley de Negociación Colectiva se aplican obligatoriamente a todos los empleadores y trabajadores de un determinado sector o rama de actividad, esté o no afiliado a la cámara empresaria y al sindicato firmantes de la paritaria. Cuando ellos determinan los aumentos de salarios entra el Estado (Secretaría de Trabajo) a homologar, esto es, darle fuerza de ley a dichos aumentos para los empleadores y trabajadores no afiliados (principio de "erga omnes", le llaman los abogados).

Las cámaras empresarias y los sindicatos son socios para el aumento de salario. Porque se financian con aportes obligatorios de trabajadores y empleadores no afiliados ni al sindicato ni a la cámara empresaria. De aquí que la meta de ambos es el mayor aumento de salario nominal posible para que más jugoso sea el aporte. 

La Secretaría de Trabajo a veces los amenaza con que no va a homologar si el aumento es alto. Pero comienzan las amenazas de conflictos (muchas veces azuzadas por las propias cámaras empresarias, acompañadas por los sindicatos, obvio) lo que lleva a que la Secretaría de Trabajo homologue disfrazando parte del aumento porcentual en una suma fija. El aumento termina siendo alto para muchos empleadores, en particular, los pymes.

Lo que la Secretaría de Trabajo debería hacer es dejar de homologar paritarias. Esto implica que las paritarias serán de aplicación sólo para los empleadores afiliados a la cámara empresaria firmante. El resto de los empleadores, no afiliados, pasarían a determinar sus aumentos salariales en función de la productividad o del aumento de las ventas. Este sería el mundo laboral de la libertad: empleador que quiera que su cámara empresaria le negocie el salario, que se afilie pagando la contribución patronal respectiva; el que quiera negociar su propio salario no se afilia o se sale de la cámara empresarial negociante y acuerda con sus trabajadores.

Así se lograría lo que el Secretario de Trabajo nombró como aumentos dinámicos de salario según la productividad. Que es lo mismo que decir: "no homologo más paritarias".

Con respecto a la libertad de la tasa de interés, el Banco Central debería dejar de manipular los encajes para que la liquidez de los bancos se vuelque a préstamos de capital de trabajo de las empresas a fin de que puedan adquirir insumos y producir. 

No es otra cosa que un modelo liberal donde el tipo de cambio, los salarios y la tasa de interés se manejan por las fuerzas del mercado. Al principio será costoso. Luego será mucho más ordenado.

Hay que aclarar que el modelo liberal es viable gracias a que hay equilibrio fiscal. Estamos ante la paradoja de que el gobierno libertario logró la condición de base para que los mercados funcionen (equilibrio fiscal) pero tiene a los mercados presos con la banda cambiaria, la homologación de paritarias y los altos encajes bancarios.  

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