"Ah, entonces sos (kirchnerista-libertario)": por qué la grieta DESTRUYE a los moderados

Un nuevo estudio de psicología política revela una paradoja inquietante: en sociedades muy polarizadas, ubicarse en el medio no permite caerles bien a todos. Puede hacer que los dos extremos crean que uno pertenece al bando enemigo. Qué es el "efecto del moderado como exogrupo" y por qué ayuda a entender la grieta argentina.
POLITICA03/08/2026

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Criticás el déficit fiscal, pero también advertís que no cualquier ajuste es socialmente sostenible.

"Ah, entonces sos kirchnerista y querés emitir".

Defendés la presencia del Estado en algunas dosis, pero cuestionás el gasto improductivo o el apoyo a ciertos sectores.

"Ah, entonces sos libertario y no te importa la gente".

La escena se repite todos los días en la política argentina, en las redes sociales, en las discusiones familiares y hasta en los medios de comunicación. Una persona expresa una posición que intenta combinar argumentos de distintos espacios y, en lugar de ser reconocida como moderada, termina expulsada simbólicamente hacia el campo contrario.

Un equipo de investigadores acaba de estudiar este fenómeno de manera sistemática. La conclusión es tan sencilla como perturbadora: cuando la política se convierte en una batalla moral y el adversario es percibido como una amenaza, los moderados dejan de funcionar como puentes. Cada lado empieza a verlos como integrantes del enemigo.

El trabajo, publicado en 2026 en el Journal of Experimental Psychology: General, fue realizado por Giulia Maimone, de la Universidad de Florida, y Craig R. M. McKenzie, de la Universidad de California en San Diego. 

  • A través de cinco estudios preregistrados, con un total de 3.272 participantes, identificaron lo que denominaron "moderate as out-group effect", que podría traducirse como el "efecto del moderado como miembro del bando contrario".

La intuición habitual dice que una persona moderada debería resultar aceptable para una audiencia más amplia. Como no se ubica en ninguno de los extremos, parecería lógico que pudiera dialogar con ambos.

La investigación muestra que, bajo determinadas condiciones, ocurre exactamente lo contrario.

El moderado no queda en el medio: los dos lados lo empujan hacia el enemigo

La idea central del paper puede explicarse con una línea horizontal.

En un extremo están quienes defienden con firmeza una posición. En el otro, quienes sostienen la postura opuesta. En el centro aparece una persona que acepta parte de los argumentos de cada lado o propone una solución intermedia.

Desde afuera, esa persona está claramente en el medio.

Pero los partidarios más identificados con cada extremo no necesariamente la perciben así.

Quien está ubicado en el extremo derecho de la línea puede mirar al moderado y pensar que se encuentra demasiado cerca de la izquierda. Al mismo tiempo, quien está en el extremo izquierdo puede observar exactamente a la misma persona y considerarla demasiado cercana a la derecha.

El resultado es paradójico: la misma posición moderada es interpretada por ambos bandos como una posición favorable al adversario.

No importa solamente qué dice una persona. También importa desde dónde la escucha quien la está juzgando.

En la Argentina podría ocurrir, por ejemplo, ante una afirmación como esta: "El equilibrio fiscal es indispensable, pero debe alcanzarse sin destruir capacidades productivas ni provocar daños sociales permanentes".

Un libertario muy identificado podría concentrarse en la segunda parte y considerarla una justificación del déficit o del kirchnerismo. Un kirchnerista muy identificado podría quedarse con la primera frase y clasificar a quien la pronuncia como partidario del ajuste libertario.

La posición no cambió. Lo que cambió fue el observador.

Qué descubrieron los cinco experimentos

Los primeros estudios analizaron las opiniones sobre el aborto en Estados Unidos.

Los investigadores presentaron diferentes políticas, desde la prohibición absoluta hasta la autorización durante distintos momentos del embarazo. Los participantes que no se identificaban con ninguno de los dos campos consideraron moderadas las políticas que permitían el aborto durante las primeras semanas.

Sin embargo, quienes se definían como "provida" clasificaban esas mismas propuestas moderadas como favorables al aborto. Quienes se identificaban como "proelección", en cambio, las consideraban cercanas al movimiento provida.

Es decir: las personas situadas en polos opuestos tomaban una misma política intermedia y la colocaban del otro lado de la frontera ideológica.

El resultado se repitió cuando ya no debían evaluar solamente una política, sino a una persona hipotética que defendía esa política.

La propuesta intermedia era vista como perteneciente al adversario. Y también lo era la persona que la expresaba.

Además, el efecto era más intenso entre los participantes con posiciones más extremas. Cuanto más firmemente se identificaba una persona con uno de los dos polos, mayor era su tendencia a expulsar al moderado hacia el campo contrario.

No sucede con cualquier discusión: hacen falta dos ingredientes

El estudio no sostiene que todas las personas partidarias rechacen siempre cualquier posición moderada.

Los investigadores encontraron que el fenómeno aparece especialmente cuando se combinan dos condiciones:

  1. El tema se convierte en una cuestión moral.
  2. El adversario es percibido como una amenaza.

Las dos condiciones son importantes. Una sola no parece ser suficiente.

Primer ingrediente: la política deja de ser una preferencia y se convierte en una batalla moral

Hay discusiones políticas que pueden ser interpretadas como diferencias prácticas.

Una persona puede preferir una alícuota impositiva del 25% y otra una del 30%. Pueden discutir cuál genera más inversión, cuál permite financiar mejor al Estado o cuál distribuye los costos de manera más eficiente.

Pero el debate cambia cuando cada posición es transformada en un juicio moral absoluto.

El que propone bajar impuestos ya no es alguien que defiende otra estrategia económica: es una persona cruel que quiere abandonar a los sectores vulnerables.

El que propone mantenerlos ya no es alguien preocupado por el financiamiento del Estado: es un ladrón que pretende apropiarse del trabajo ajeno.

Cuando un tema se moraliza, el desacuerdo deja de ser interpretado como una diferencia sobre instrumentos. Se convierte en una disputa entre el bien y el mal.

Y si el otro lado representa el mal, negociar con él deja de ser pragmatismo. Puede empezar a parecer una forma de complicidad.

Segundo ingrediente: el adversario debe ser visto como una amenaza

La moralización, por sí sola, no alcanzó para explicar completamente el fenómeno.

El efecto se fortalecía cuando los participantes consideraban que la victoria del otro candidato o el avance de la ideología rival podía perjudicarlos personalmente, afectar a personas cercanas o provocar un daño grave a toda la sociedad.

En ese escenario, el adversario ya no es simplemente alguien equivocado.

Es alguien peligroso.

Esta diferencia resulta fundamental para comprender la grieta. Una cosa es creer que el otro tiene una mala política económica. Otra muy distinta es creer que, si el otro gobierna, destruirá la democracia, terminará con la libertad, condenará al país a la pobreza o eliminará derechos fundamentales.

Cuando ambos campos creen estar enfrentando una amenaza existencial, el espacio disponible para el matiz se achica.

El moderado empieza a ser interrogado como si estuviera frente a un tribunal:

—¿Condenás completamente al otro lado?

—¿Estás verdaderamente con nosotros?

—¿Por qué introducís matices justo ahora?

—¿A quién favorece tu crítica?

En ese contexto, no alcanza con coincidir parcialmente con el propio grupo. También se exige una ruptura total con el grupo contrario.

La clave del fenómeno: importa más odiar al enemigo que amar al propio bando

Este es posiblemente el hallazgo más importante del trabajo.

Los autores distinguen entre dos motivaciones:

  • El amor por el propio grupo.
  • El rechazo hacia el grupo contrario.

Podría suponerse que los partidarios castigan al moderado porque no defiende con suficiente entusiasmo las ideas del propio espacio.

Pero los experimentos sugieren otra explicación: el problema principal no es que el moderado ame poco al propio grupo, sino que no rechaza lo suficiente al enemigo.

En otras palabras, el razonamiento no sería: "Esta persona no está suficientemente de acuerdo conmigo".

Sería, más bien: "Esta persona no condena suficientemente a quienes considero inmorales y peligrosos".

Eso explica por qué una frase aparentemente conciliadora puede provocar tanto rechazo. Cuando alguien dice que "los dos lados tienen algunos argumentos atendibles", cada extremo puede escuchar únicamente que esa persona está legitimando al rival.

El moderado no es castigado solamente por su distancia respecto del propio campo. Es castigado por su cercanía, tolerancia o receptividad hacia el adversario.

El experimento con Trump y Harris que expuso el mecanismo

Uno de los estudios permite observar esta diferencia con claridad.

Los investigadores reclutaron participantes liberales y les pidieron que evaluaran personas con distintas opiniones sobre Donald Trump o Kamala Harris.

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Cuando una persona manifestaba opiniones mixtas sobre Harris —una dirigente perteneciente al propio campo político de los participantes— era considerada moderada.

Pero cuando expresaba opiniones mixtas sobre Trump —el dirigente del campo contrario— tendía a ser clasificada como conservadora.

¿Por qué?

En los dos casos, la persona tenía una posición intermedia. Sin embargo, mostrarse moderado respecto de una figura del propio espacio significaba no amarla demasiado. Mostrarse moderado respecto de la figura rival significaba no rechazarla suficientemente.

Para los participantes, esa segunda señal fue mucho más decisiva.

Trasladado a la Argentina, el mecanismo podría funcionar de esta manera:

  • Un libertario puede aceptar que otro libertario critique ciertos errores del Gobierno sin expulsarlo inmediatamente del espacio.
  • Pero si esa persona reconoce una medida positiva de una administración kirchnerista, la sospecha puede crecer rápidamente.
  • Del otro lado, un kirchnerista puede aceptar críticas internas sobre dirigentes propios.
  • Pero si alguien reconoce un acierto económico o institucional de un gobierno libertario, puede ser clasificado como integrante del oficialismo.

No necesariamente se castiga la crítica al propio grupo. Se castiga con mayor fuerza la falta de hostilidad hacia el otro.

Estos ejemplos argentinos son una aplicación interpretativa del mecanismo. El paper fue realizado con participantes de Estados Unidos y no demuestra experimentalmente que el efecto tenga exactamente la misma magnitud en la Argentina.

"Los dos tienen razón" puede funcionar peor que "los dos están equivocados"

Otro experimento ofrece una pista especialmente útil para políticos, periodistas y cualquier persona que intente expresar una postura moderada.

El estudio utilizó posiciones sobre el conflicto entre Israel y Palestina. Los investigadores presentaron dos maneras diferentes de formular una posición intermedia.

En una versión, la persona aceptaba las acciones de los dos lados: una posición que podría resumirse como "ambos tienen razones atendibles".

En la otra, rechazaba las acciones de ambos: "ninguna de las dos conductas es aceptable".

Aunque las dos formulaciones buscaban representar posiciones no alineadas completamente con un solo campo, generaron reacciones distintas.

Cuando el moderado aparecía respaldando parcialmente a ambos, cada grupo tendía a identificarlo con el rival.

Cuando el moderado rechazaba a los dos lados, esa tendencia se reducía considerablemente.

La explicación vuelve a ser la misma: decir que ambos lados tienen algo de razón implica reconocer o legitimar al adversario. En cambio, cuestionar a los dos puede evitar que la moderación sea interpretada como simpatía hacia el enemigo.

Esto no significa que la solución sea criticar artificialmente a todos por igual ni construir una falsa equivalencia entre hechos diferentes.

La enseñanza es más precisa: la manera de comunicar una posición moderada modifica cómo será clasificada.

No produce el mismo efecto decir "coincido un poco con libertarios y un poco con kirchneristas" que decir "no acepto ni el déficit y la inflación de unos ni la idea de que cualquier costo social sea irrelevante para los otros".

La primera formulación destaca la coincidencia con los dos campos. La segunda establece límites frente a ambos.

Por qué la grieta termina destruyendo el centro político

El efecto tiene consecuencias que van más allá de una discusión en X o de una pelea familiar.

1. Castiga electoralmente la moderación

Un dirigente que intenta construir una posición intermedia puede descubrir que no suma apoyos de ambos lados, sino que despierta sospechas en los dos.

Cada concesión será presentada como una traición. Cada reconocimiento al adversario se convertirá en una prueba de infiltración ideológica. Cada matiz deberá ser explicado una y otra vez.

Los dirigentes reciben entonces un incentivo muy concreto: endurecerse.

2. Vuelve más difícil formar coaliciones

Las teorías políticas tradicionales suelen imaginar al moderado como un puente. Es quien puede acercar posiciones, facilitar acuerdos y construir mayorías más amplias.

El paper muestra una barrera psicológica para esa función.

Antes de negociar con el otro lado, el moderado debe convencer a su propio campo de que no se ha convertido en un agente del adversario. Si no lo consigue, puede perder legitimidad precisamente por hacer aquello que permitiría alcanzar un acuerdo.

3. Alimenta una polarización que se refuerza a sí misma

Si los moderados son rechazados por ambos polos, pueden verse obligados a elegir uno.

No necesariamente porque hayan cambiado de opinión, sino porque permanecer en una posición intermedia se vuelve demasiado costoso.

Así se genera un círculo:

  • Los extremos expulsan a los moderados.
  • Los moderados se refugian en alguno de los campos.
  • Los campos se vuelven más homogéneos.
  • La ausencia de voces intermedias hace que el adversario parezca todavía más extremo.
  • La sensación de amenaza crece.
  • Y la moderación se vuelve aún más sospechosa.

La grieta no solamente divide a una sociedad previamente polarizada. También puede producir más polarización.

El problema para los medios: la cobertura equilibrada puede parecer hostil

El trabajo también ayuda a entender una paradoja habitual del periodismo.

Un medio presenta argumentos, datos o fuentes de los dos lados de una controversia. Su intención es ofrecer una cobertura equilibrada.

Sin embargo, los partidarios de ambos espacios pueden concluir que el medio está sesgado contra ellos.

¿Por qué?

Porque, cuando el rival es considerado inmoral y amenazante, darle espacio ya puede ser interpretado como una forma de legitimación.

Desde esa perspectiva, equilibrio no significa publicar las dos posiciones. Significa darle la razón al campo propio y tratar al otro como una amenaza que debe ser refutada.

Así, una misma nota puede recibir acusaciones simultáneas de ser kirchnerista y libertaria. Lejos de demostrar necesariamente que el artículo encontró un punto medio perfecto, esas reacciones pueden revelar que cada audiencia interpretó la inclusión del adversario como una toma de partido.

Cómo expresar una posición moderada sin desaparecer en la grieta

El paper no ofrece una receta definitiva para la comunicación política argentina. Pero sus experimentos permiten extraer algunas orientaciones.

  1. La primera es explicar con precisión cuáles son los principios propios. Una posición moderada no debería sonar como indiferencia, falta de información o miedo a decidir.
  2. La segunda es separar los objetivos de los instrumentos. Se puede defender el equilibrio fiscal y discutir cómo alcanzarlo. Se puede defender la protección social y cuestionar programas ineficientes. No toda diferencia sobre el método implica rechazar el objetivo.
  3. La tercera es establecer límites claros frente a los dos extremos. En contextos muy polarizados, señalar solamente los puntos de coincidencia puede ser interpretado como convalidación del adversario. Explicar qué se rechaza de cada campo puede reducir esa ambigüedad.
  4. La cuarta es evitar la falsa equidistancia. Ser moderado no significa ubicarse matemáticamente a mitad de camino ante cualquier controversia ni sostener que todos los actores tienen siempre la misma responsabilidad.

La moderación genuina no consiste en repartir culpas en partes iguales. Consiste en evaluar cada posición sin aceptar previamente que toda la verdad pertenece a una sola tribu.

Una advertencia importante: el estudio fue realizado en Estados Unidos

Los cinco experimentos fueron realizados con participantes estadounidenses y sobre temas especialmente polarizantes de ese país, como el aborto, Trump, Harris y el conflicto de Medio Oriente.

Los propios autores aclaran que el fenómeno debería estudiarse en otras sociedades utilizando asuntos que sean moralizados y percibidos como amenazantes en cada contexto.

Por lo tanto, el trabajo no demuestra directamente que libertarios y kirchneristas reaccionen exactamente igual que republicanos y demócratas.

Sin embargo, el mecanismo ofrece una herramienta potente para interpretar la política argentina: cuando cada campo se considera moralmente superior y cree que el rival representa un peligro existencial, el centro deja de ser visto como un espacio de encuentro.

Se transforma en una zona bajo sospecha.

La gran paradoja de los moderados

La gran paradoja es que una posición diseñada para reducir la distancia entre dos grupos puede terminar aumentando el rechazo.

El moderado cree estar diciendo: "Puedo comprender algunas preocupaciones de ambos lados".

Pero cada extremo escucha: "No condeno completamente a tu enemigo".

Y, en una política organizada alrededor de identidades morales, esa falta de condena puede pesar más que cualquier coincidencia.

La grieta, entonces, no deja simplemente un espacio vacío en el centro. Convierte ese espacio en territorio enemigo.

Por eso el moderado ya no es reconocido como un puente. Es tratado como un infiltrado.

Y por eso, en la Argentina polarizada, una persona puede escuchar dos acusaciones aparentemente contradictorias durante el mismo día:

"Ah, entonces sos kirchnerista".

"Ah, entonces sos libertario".

Las dos pueden surgir de una misma posición.

Y las dos pueden ser el síntoma de una sociedad que ya no pregunta qué piensa alguien, sino primero de qué lado está.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el "efecto del moderado como exogrupo"?

Es la tendencia de personas con posiciones partidarias a clasificar una propuesta o una persona moderada como integrante del campo contrario.

¿Por qué los extremos rechazan a los moderados?

El efecto aparece especialmente cuando un tema se convierte en una cuestión moral y el adversario es percibido como una amenaza. En esas condiciones, no condenar completamente al rival puede interpretarse como una forma de apoyo.

¿El fenómeno afecta más a las personas extremas?

Sí. Los estudios encontraron que las personas con posiciones más extremas tendían a moralizar más los debates, percibir una amenaza mayor y clasificar con más fuerza a los moderados como adversarios.

¿El estudio fue realizado en la Argentina?

No. Los experimentos se realizaron en Estados Unidos. Su aplicación a la grieta entre kirchneristas y libertarios es una interpretación basada en el mecanismo identificado, no una comprobación experimental local.

¿Cómo puede comunicarse mejor una posición moderada?

La investigación sugiere que puede ser más eficaz explicar con claridad qué se rechaza de ambos extremos que limitarse a señalar coincidencias con los dos bandos.

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