
El upgrade de Fitch que puede cambiar el juego para los bonos argentinos

Fitch Ratings elevó la calificación de largo plazo de la Argentina en moneda extranjera y local a B- desde CCC+, con perspectiva estable, dejando al país seis escalones por debajo del grado de inversión. La calificadora fundamentó la decisión en la mejora estructural del balance fiscal y externo, el avance del programa de reformas y la expectativa de que el Tesoro asegure el financiamiento de los próximos vencimientos.
Según un informe de Delphos Investment, el upgrade funciona como validación crediticia de un proceso que el mercado venía incorporando, con los Globales 2035 operando en torno al 10% de TIR y el riesgo país comprimiendo a mínimos de más de siete años antes del repricing global gatillado por el conflicto en Medio Oriente. Entre los pasos concretos que Fitch valoró aparecen la colocación de US$ 1.000 millones bajo ley local en diciembre y el repo de US$ 3.000 millones con bancos internacionales cerrado en enero, el tercero bajo la gestión Milei.
El movimiento de la calificadora cobra particular relevancia por su potencial impacto sobre el flujo de fondos institucionales. Hoy los bonos argentinos atraviesan una encrucijada que tiene más que ver con flujos que con fundamentos: los fondos "real money" todavía no muestran apetito por los instrumentos locales, mientras que los fondos distress y high yield comienzan a desprenderse de posiciones a medida que la compresión del riesgo país les quita atractivo. Esa paradoja —vendedores naturales que se retiran sin que aparezca la demanda institucional que debería reemplazarlos— configura un cuello de botella técnico que la suba de Fitch comienza a destrabar.
La cautela, sin embargo, está justificada. Que una sola calificadora ubique al país en el rango B no garantiza la habilitación inmediata de mandatos institucionales: muchos fondos exigen al menos dos calificaciones en ese nivel para operar. La propia Fitch advirtió además que la posición de liquidez internacional sigue siendo débil y que el crédito argentino permanece condicionado por la inflación elevada y un historial de defaults e inestabilidad macroeconómica, lo que mantiene al país particularmente expuesto a shocks de confianza.
De cara al recorrido que viene, la lectura de Delphos es que la mejora debería actuar como catalizador de una compresión adicional en Globales y Bonares, aunque a esta altura del ciclo político una nueva pata de compresión significativa requeriría un evento discreto, como una colocación bajo ley extranjera. Caputo, por ahora, descartó esa ventana inmediata y priorizó fuentes locales.
En síntesis, se dio un primer paso —fruto de un programa económico que primero sirvió para evitar una crisis de magnitudes y ahora empieza a cimentar las bases de un crecimiento sostenible—, pero el verdadero salto en términos de flujo institucional aún depende de que el resto de las calificadoras acompañe y de que el Tesoro logre validar el regreso pleno a los mercados internacionales.









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