
ClawPump y la nueva economía de agentes: la plataforma de Solana que ya procesó US$ 170 millones
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Durante los últimos años, la inteligencia artificial se instaló en la vida cotidiana principalmente a través de una interfaz conocida: una persona hace una pregunta y una máquina responde.
Pero la próxima etapa podría ser bastante diferente.
¿Qué ocurre cuando una inteligencia artificial deja de limitarse a contestar preguntas y empieza a administrar dinero, contratar servicios, realizar operaciones, desarrollar productos y generar sus propios ingresos?
Ese es el terreno sobre el que está creciendo ClawPump, una plataforma construida sobre el ecosistema Solana que busca convertirse en una infraestructura financiera para agentes autónomos.
Su premisa es sencilla de explicar, aunque mucho más difícil de ejecutar: permitir que un agente de inteligencia artificial tenga las herramientas financieras necesarias para funcionar cada vez más como una empresa.
Puede crear una billetera. Acceder a mercados. Tokenizar un proyecto. Administrar capital. Generar ingresos. Y utilizar distintas herramientas para construir productos alrededor suyo.
Los números muestran hasta qué punto esa idea consiguió rápidamente un mercado.
Según cifras actualizadas de la compañía, ClawPump ya procesó US$ 170 millones de volumen a través de 14.000 agentes, generó más de US$ 2 millones en ingresos y redistribuyó más de US$ 1 millón entre desarrolladores.
El ecosistema construido alrededor de la plataforma alcanzó, además, una valuación agregada cercana a US$ 35 millones, mientras que la propia compañía llegó a una valuación de alrededor de US$ 10 millones.
Todo ocurrió en cuestión de meses.
De asistentes de IA a compañías agénticas
Detrás de ClawPump están Tomás Oliver y Mauricio Trujillo Ramírez, dos emprendedores latinoamericanos cuyos recorridos difícilmente podrían haber sido más distintos.
Oliver comenzó como jugador profesional de Fortnite. A los 16 años llegó a ubicarse entre los mejores jugadores, ganó dinero compitiendo y comenzó a utilizar criptomonedas para retirar sus premios. Ese primer contacto terminó convirtiéndose en una carrera en desarrollo blockchain y en una participación recurrente en hackathons internacionales.
Trujillo Ramírez, en cambio, pasó por la investigación en psicología experimental, la administración de fondos cuantitativos y el mundo de las startups. Antes de ClawPump creó Dora, un buscador multichain que levantó US$ 5,5 millones.
Ambos terminaron cruzándose en Buenos Aires.
La idea que después dio origen a ClawPump partió de una observación sobre hacia dónde podía dirigirse la inteligencia artificial.
"No pensamos en agentes que solo respondan preguntas. Pensamos en agentes que puedan convertirse en compañías", explicó Trujillo Ramírez en una entrevista reciente con Forbes Argentina.
El concepto es el de "economía agéntica": un ecosistema en el cual diferentes inteligencias artificiales no solamente ejecutan instrucciones para seres humanos, sino que pueden disponer de recursos, operar dentro de parámetros determinados y relacionarse económicamente entre ellas.
El salto es relevante.
Un chatbot responde. Un agente actúa.
Y cuando ese agente además puede administrar capital, pagar por servicios o generar ingresos, la frontera entre una herramienta de software y una pequeña organización comienza a volverse mucho menos clara.

Una cuenta bancaria para la inteligencia artificial
Uno de los grandes problemas de los agentes autónomos aparece cuando necesitan interactuar con el sistema financiero.
Una inteligencia artificial puede escribir código o analizar miles de datos en segundos. Pero para operar de forma autónoma necesita algo más básico: acceso al dinero y herramientas para utilizarlo.
Allí aparece la propuesta de ClawPump.
La plataforma permite darles a los agentes billeteras y acceso a herramientas financieras sobre Solana, además de infraestructura para crear tokens y monetizar los productos construidos alrededor de ellos.
No significa entregarles libertad irrestricta sobre el capital.
Los creadores pueden determinar cuánto dinero puede administrar cada agente, qué operaciones está autorizado a realizar, cuáles son sus límites de riesgo y a qué herramientas puede acceder.
"La seguridad es una prioridad. Los usuarios determinan qué puede hacer el agente, hacia dónde puede mover fondos y qué nivel de autonomía tendrá", explicó Oliver.
Esa combinación entre autonomía y restricciones es una de las discusiones centrales de esta nueva industria.
Para ClawPump, sin embargo, existe otro elemento igualmente importante: permitir experimentar.
La apuesta es que una infraestructura demasiado cerrada puede solucionar parte de los riesgos actuales, pero también impedir la aparición de aplicaciones que todavía no fueron imaginadas.
El agente que ganó US$ 70.000
Algunos de esos experimentos ya empezaron a transformarse en negocios.
Uno de los ejemplos mencionados por los fundadores es UsePod.ai, un proyecto que logró generar alrededor de US$ 70.000 en menos de tres meses.
Su negocio consiste en crear un mercado secundario para acceder a capacidad de cómputo de inteligencia artificial a un precio inferior al ofrecido por determinados proveedores primarios.
El caso resulta interesante porque muestra una diferencia con buena parte de la primera generación de proyectos vinculados a IA y cripto.
El agente no existe solamente como una demostración tecnológica: hay un modelo económico construido alrededor suyo.
Y eso es precisamente lo que ClawPump quiere multiplicar.
Los desarrolladores pueden conectar distintos conjuntos de herramientas a sus agentes y definir hasta dónde llega su autonomía. La combinación entre software, acceso financiero y capacidad de monetización permite que un mismo proyecto vaya evolucionando a medida que encuentra usuarios y nuevas oportunidades.
La visión de largo plazo es todavía más radical: agentes contratando servicios ofrecidos por otros agentes y realizando pagos entre ellos automáticamente.
Una suerte de economía digital en la cual una parte creciente de las transacciones ya no se produciría entre dos personas o entre una persona y una empresa, sino entre softwares con capacidad propia de decisión.
El respaldo del ecosistema Solana
El crecimiento también colocó a ClawPump dentro del radar de algunos de los actores más relevantes del ecosistema.
La compañía consiguió respaldo de Pump.fun y Colosseum, y forma parte de la quinta cohorte del portfolio de Colosseum, que reúne startups desarrolladas alrededor de Solana.
La relación con ese ecosistema no es casual.
Solana ofrece una infraestructura especialmente atractiva para aplicaciones en las que un gran número de agentes necesita realizar operaciones de manera constante y a bajo costo. Si la economía agéntica escala como esperan sus impulsores, las máquinas podrían terminar realizando un volumen gigantesco de pequeñas transacciones entre ellas.
ClawPump intenta posicionarse como una de las capas que habiliten ese movimiento.
Su ambición es convertirse en una plataforma cada vez más abierta, permisiva y expresiva, en la que los desarrolladores puedan determinar qué clase de comportamiento financiero quieren darle a cada agente.
US$ 350.000 para encontrar las próximas compañías agénticas
El siguiente paso es ampliar la comunidad de desarrolladores.
ClawPump está llevando adelante junto a Ansem un hackathon orientado específicamente a proyectos de inteligencia artificial construidos sobre Solana.
La competencia busca que distintos equipos desarrollen agentes, productos y herramientas y los desplieguen dentro del ecosistema.
Actualmente, la organización comunica un paquete total de US$ 350.000 entre tokens, premios en efectivo, capacidad de cómputo y créditos de infraestructura.
Más allá del monto, la lógica del evento resume bastante bien la tesis detrás de la compañía.
Los participantes no compiten solamente por construir el mejor agente.
Compiten por construir algo que pueda transformarse en un negocio.
En ClawPump lo condensan en una frase: "Ship an agent. Leave with a company", es decir, construí un agente. Salí con una empresa.
La gran apuesta: cuando las máquinas empiecen a hacer negocios entre ellas
Es imposible saber hoy qué proporción de las compañías del futuro tendrá agentes autónomos administrando parte de sus operaciones financieras.
También es demasiado temprano para conocer cuáles de los modelos que están apareciendo alrededor de la llamada economía agéntica conseguirán sobrevivir.
Pero la dirección del experimento resulta difícil de ignorar.
Los modelos de inteligencia artificial son cada vez mejores para razonar, programar y utilizar herramientas externas. El próximo desafío es darles la infraestructura necesaria para actuar.
ClawPump está apostando precisamente a ese momento.
Hoy son 14.000 agentes y US$ 170 millones procesados.
La visión de sus fundadores apunta mucho más lejos: un mundo donde una inteligencia artificial pueda recibir capital, construir un producto, conseguir usuarios, pagar servicios y financiar su propio crecimiento.
Y donde crear una nueva compañía quizás ya no empiece necesariamente contratando empleados.
Podría empezar desplegando un agente.


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