Actis: "Irán ha ganado la guerra de Ormuz porque Trump no sabe cómo lograr que el estrecho vuelva a su flujo natural"

En el marco de la guerra en Medio Oriente, El Economista dialogó en exclusiva con Esteban Actis, Doctor en Relaciones Internacionales
INTERNACIONALES10/04/2026

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Tras más de un mes de conflicto, Estados Unidos e Irán llegaron a un alto el fuego para seguir negociando. Sin embargo, la tregua parece ser muy débil y todo hace prever que el conflicto podría reiniciarse en cualquier momento.

Mientras tanto, la economía mundial sigue sufriendo por el cierre del estrecho de Ormuz, impactando en los precios de la gasolina en todo el mundo (en Argentina, el litro de nafta super ya supera los $2.000). 

Y, aunque la decisión de Trump de atacar Irán no parece haber sido la más acertada - ya que pocos países en el mundo lo apoyan - Argentina se mantiene firme junto al mandatario, tanto por motivos ideológicos como materiales.

Por ello, ante el incierto panorama, El Economista dialogó en exclusiva con Esteban Actis, Doctor en Relaciones Internacionales, para intentar encontrar algunas respuestas sobre lo que podría suceder a corto y mediano plazo. 

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-Tras el alto el fuego, ¿podemos finalmente tener en claro qué es lo que Estados Unidos busca con la guerra? 

La verdad que los mensajes de Trump, de la Casa Blanca, de sus funcionarios no ha sido claro sobre por qué Estados Unidos intervino militarmente en Irán. Por ello, creo que a partir del 28 de febrero se han abierto como dos guerras simultáneas. Una la guerra del Golfo III, podríamos llamar, y la otra la guerra de Ormuz.

Si uno piensa en la guerra del Golfo III, Estados Unidos ha tenido éxitos parciales. ¿Por qué digo esto? Porque no había un cambio de régimen, que fue uno de los objetivos que en algún momento Trump dejó de pronunciar. Además, el fin del programa nuclear iraní tampoco está claro. Pero, seguramente, se han continuado el deterioro y la eliminación de capacidades nucleares iraníes que no se habían completado en junio del 2025. Y lo que sí Estados Unidos ha logrado es destruir las capacidades tradicionales militares de Irán. Entonces, tenemos una guerra del Golfo III con victoria parcial de Estados Unidos. 

Pero tenemos una guerra de Ormuz con un gran triunfo de Irán, que ha tenido la capacidad de controlar el paso por el estrecho por donde sale casi el 20% del petróleo mundial. Irán ha utilizado la interdependencia como arma, ya que hoy en día los estrechos y los puntos de estrangulamiento de la logística internacional son un vector de la geopolítica y aquellos actores estatales que tienen presencia en los nodos tienen la capacidad de utilizar esa intervención como arma.

 Irán claramente ha ganado porque Trump no sabe cómo lograr que el estrecho vuelva a su flujo natural. Incluso en cualquier escenario de posguerra, con el formato que tenga Irán, va a tener un control mucho mayor en la región, ya sea cobrando peajes o regulando quién pasa y quién no por allí.

-¿Qué podemos esperar a corto plazo tras el alto el fuego?

Creo que las dos semanas de tregua que se anunciaron son muy frágiles. Fue un acuerdo de mínima entre Irán y Washington con la intermediación de Pakistán que es el que está manteniendo buenos oficios y un canal abierto de diálogos, pero con una desconfianza muy fuerte y con un actor como es Israel que claramente no está muy conforme con la decisión de Trump de no seguir profundizando el ataque y la destrucción de las capacidades civiles iraníes.

Por lo tanto, se profundiza una divergencia de intereses entre Tel Aviv y Washington y hay que ver cómo se materializa. Pero creo que tenemos una tregua muy inestable y las hostilidades van a seguir estando, aunque no sabemos con qué magnitud.

Lo importante a tener en cuenta es que el tiempo está a favor de Irán ya que, mientras más tiempo esté cerrado el estrecho, más costos paga el mundo, incluido EE.UU. Es decir, cuanto más logra estrangular el estrecho, y cuanto más daño haya en la estructura energética, mayor será el impacto económico, algo totalmente nocivo para Estados Unidos, principalmente para Trump de cara a las elecciones de medio término. Además, Estados Unidos tampoco se puede dar el lujo de que sus bonos se estén rindiendo casi al 5%, porque así es impagable su deuda, a lo que se suma que eso tiene un impacto en la tasa de interés de toda la economía y en las hipotecas.

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¿Qué cree acerca de los rumores de que los ataques de Estados Unidos contra Venezuela o Irán buscaban, indirectamente, perjudicar a China? 

Diversos informes confirman que el Pentágono siempre estuvo en contra de esta guerra. Por lo que, claramente, se trata de una decisión de Trump y de su núcleo duro político de avanzar con Netanyahu en esta aventura bélica. Creo que la evaluación de Trump fue que, como pasó en junio del 2025, Irán no iba a cerrar el estrecho, entre varias razones, porque China, que es su principal aliado, no estaría de acuerdo y presionaría para que eso no suceda.

Pero Irán cerró el estrecho, aunque China no hizo mucho para convencer a los iraníes debido a dos motivos. En primer lugar, para los chinos, en términos estratégicos y militares, esta incursión de Estados Unidos en Irán es una sumamente interesante por el desgaste que genera para Washington. En otras palabras, desde Pekín ven que la hegemonía predatoria (en palabras del académico estadounidense Walt) de Estados Unidos lo está llevando a involucrar cada vez más recursos en una geografía que no era la prioritaria hasta hace un par de años. 

Estados Unidos ha movido gran parte de la defensa que tenía en Corea hacia Medio Oriente y, en términos de largo plazo, que Estados Unidos se empantane y que tenga que mirar un poco a Medio Oriente no es una mala noticia.

En cuanto a lo económico, China viene pensando desde Trump 1, es decir, desde hace casi una década, que la globalización cambió, estamos en una globalización de riesgo, y el riesgo político es elevado para China. Hoy Pekín tiene que pensar cómo funciona su economía con la cadena de suministros rota o, en otras palabras, tiene que pensar en el peor escenario.

Claramente, la vulnerabilidad que tiene China con respecto a la importación de petróleo es muy fuerte. Por ello, viene trabajando sobre el tema en un escenario como el que se está dando. Si uno mira los números, efectivamente China está siendo menos vulnerable de lo que se pensaba gracias a que, en los últimos años, ha avanzado en una triple estrategia de diversificación de proveedores y autosuficiencia.

En este caso, en materia energética está avanzando en energías renovables, para depender menos de los hidrocarburos, y en un aumento de stocks, de reservas. China estoquea semiconductores, petróleo, alimentos, entre otras cosas. 

Esa estrategia, que va en contra la eficiencia, se basa en que China pone sobre la mesa seguridad versus eficiencia. Por eso, en este shock queda en evidencia que, aunque China está sufriendo y va a sufrir, es mucho más resiliente de lo que se pensaba ante un escenario de cierre del estrecho. 

-En un mundo en donde la interdependencia económica se utiliza cada vez más como un arma (Rusia e Irán lo dejan en evidencia), ¿los países intentarán ser cada vez más autónomos y autárquicos? 

Creo que estamos en una era de shocks tras shocks. Esto confirma que, efectivamente, la fragmentación de las cadenas de suministro es una realidad y las estrategias de los países para pensar cuáles son sus cadenas de suministros, dónde están las vulnerabilidades y cómo se avanza en la materia resulta fundamental.

Por ejemplo, Europa está siendo muy lenta en poder romper su dependencia energética, ya que la rompió con Rusia y la aumentó con Estados Unidos, y también la diversificó con algunos países de Medio Oriente. Ahora está sufriendo un nuevo shock.

Seguramente, todos los países vayan a reevaluar su cadena de suministros, ver dónde están las posibilidades de estrangulamiento, sean logísticos, como el caso del cierre del estrecho, o sean por la inseguridad del proveedor. Porque si no es un proveedor fiable, puede dejar a un país sin un recurso estratégico. 

Por ello, hoy el mundo está reformulando la idea clásica de la globalización y se cree que hay que tener cadenas de suministros seguras y cortas, y eso exige justamente reconsiderar los proveedores y otros temas con relación a si hay que avanzar en algunos bienes estratégicos en la producción nacional. 

Un caso interesante es el de Brasil, un país muy dependiente del consumo de fertilizantes, al que la guerra en Ucrania le pegó fuertemente en ese segmento. En ese momento, si no había una intervención directa de Brasil con la Cancillería rusa, Brasil hubiese sufrido un shock muy fuerte. ¿Pero qué hicieron tras ver esta situación? Están intentando producir fertilizante propio con cooperación europea. Gracias a esto, en términos de importación de fertilizantes, Brasil ha logrado reducir su dependencia del mundo en un 15%.

Que Brasil adopte esta política es un claro ejemplo de una globalización mucho más fragmentada, donde las cadenas globales son cada vez más cortas y vinculadas a la esfera geopolítica. Este nuevo shock confirma que los países que no se adaptan a los cambios del mundo, como es el caso de Japón, que es muy dependiente en términos energéticos del estrecho de Ormuz, van a seguir sufriendo.

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-¿Por qué Argentina apuesta de manera tan contundente por Estados Unidos? ¿Qué costos a largo plazo podría pagar el país si se sigue creyendo que el mundo solamente está regido por lo que Estados Unidos dice? 

Existe un componente muy ideológico en el acoplamiento del actual gobierno con Estados Unidos. Hay un convencimiento de que Argentina tiene que ser un actor clave para que Estados Unidos, en este contexto internacional de competencia entre grandes poderes, pueda imponerse y reivindicar su liderazgo global. Una idea de que Argentina tiene que cumplir con fortalecer a Occidente. 

Pero también hay una lectura material acerca de que Argentina, pese a tener un importante vínculo comercial con China en términos de exportaciones ꟷa diferencia de Paraguay, Brasil, Perú, o Chileꟷ (el 15% de las exportaciones de Argentina están destinadas a China), también tiene una pauta de exportación mucho más diversificada. 

Por ejemplo, en términos de la industria de hidrocarburos, se considera que,si el sector energético se fragmenta, posiblemente recibamos muchas inversiones de empresas americanas u occidentales. Además, Argentina podría ser un lugar de infraestructura para el desarrollo de la inteligencia artificial y data centers. Efectivamente,  Argentina puede obtener ganancias si el mundo se fragmenta y si el hemisferio occidental está bajo el dominio absoluto de Estados Unidos.

Por lo tanto, aunque se reconoce que puede haber un costo en el vínculo con China, también se cree que, si abrimos la economía e importamos productos de China y China coloca su sobrestock en Argentina, se va a poder reducir la inflación. China también va a necesitar seguir comprando alimentos por un tiempo. Entonces, creo que hay un mix ideológico y una forma de mirar el mundo y entender que, en el mundo, Argentina es competitiva en varios sectores (no el agrobusines) que pueden tener como norte el marcado estadounidense. Por eso, se cree que tranquilamente se podría tener una dependencia con Estados Unidos.

Pero, a mi entender, esta es una manera de mirar el mundo bastante simple en donde, claramente, se está pensando la complejidad de esa estrategia y los costos de la misma, ya que puede haber costos en la política exterior y en la capacidad de maniobra que tiene un país para sufrir algún tipo de asimetría de poder muy fuerte. 

-¿El gobierno de Milei es consciente de que Trump ya no puede ser reelegido? 

La administración Milei piensa a Estados Unidos como un actor fijo y, en su análisis, ven a Trump o al trumpismo como un proyecto político que se consolidaría en el tiempo. Esa es una variable fija que ellos están pensando; pero hay dos variables por las que creo que el gobierno no tiene plan B.

Pensando al mundo de cara al 2027 y en el año electoral, considerando que en durante las elecciones hay mayor presión hacia el dólar y mayor incertidumbre, una variable que puede poner en riesgo la estrategia electoral del gobierno es si aparece nuevamente EE.UU. como prestamista de última instancia. Es decir, si Trump pierde las elecciones de medio término de este año y los demócratas ganan el Congreso, no es seguro que Scott Bessent se mantenga en su cargo. En ese caso, ¿el tesoro norteamericano mantendrá la heterodoxia que tuvo para comprar pesos?

Esa es una variable que el gobierno no está ponderando: la capacidad de Estados Unidos de comprometerse nuevamente para poner el Tesoro por encima del Banco Central y decir, "bueno, acá tengo el poder de fuego, vengan a sacarme los dólares". Eso no sé si se puede repetir como en 2025.

La segunda variable está vinculada a cómo está el mundo con relación a si la Fed baja o no las tasas de interés. Si se baja, se comprime el riesgo país y Argentina puede volver a los mercados financieros y de capitales. Pero esta guerra y la inflación pueden hacer que la Fed no baje la tasa y nuevamente la Argentina tenga complicado el acceso al mercado privado de capitales.

A todo esto, se suma el riesgo climático, ya que se está hablando de un ciclo de superniño muy violento. Por lo tanto, tal como pasó con el gobierno de Macri, las exportaciones argentinas podrían verse afectadas. 

Entonces, imaginemos un escenario donde la Argentina no logra dólares por el sector externo de enero a abril y, después de abril, ya entra en el ciclo electoral. Si agregamos que Estados Unidos no actúe como prestamista de última instancia y no se pueda volver al mercado de capitales, puede ser un año en el que se sufra mucho en términos de inestabilidad macroeconómica. Para un gobierno en términos electorales, esto es algo de lo que no se pueda dar el lujo.

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