PyMEs al límite: cómo la deuda y el colapso del roll over ponen en jaque al 2026

En 2026 la discusión sobre la situación financiera de las PyMEs no puede limitarse al nivel de endeudamiento. El verdadero punto crítico es otro: el sistema dejó de permitir que el capital de trabajo se renueve indefinidamente.

ECONOMIA27/02/2026
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Desde el Estudio Contable Chiaramonte & Sánchez se analizó la situación financiera de las PyMEs durante el período 2023-2025, contrastando los hallazgos con datos oficiales y con intercambio profesional con especialistas del mercado financiero. 

Para el abordaje de determinadas dinámicas crediticias se consultó a Jorge Llorens, director de la consultora Key Transaction, cuya visión aporta contexto sobre el funcionamiento actual del sistema financiero y las restricciones estructurales que enfrenta el capital de trabajo.

En 2026 la discusión sobre la situación financiera de las PyMEs no puede limitarse al nivel de endeudamiento. El verdadero punto crítico es otro: el sistema dejó de permitir que el capital de trabajo se renueve indefinidamente.

La rueda financiera que durante años sostuvo el capital de trabajo de las empresas hoy está tensionada.

Tres grupos, tres realidades
El universo PyME puede dividirse en tres grandes grupos:

Empresas que ya estaban dentro del mercado financiero.
Empresas que quedaron fuera del sistema formal.
Empresas que accedieron recientemente al crédito (2023-2025).
Cada grupo enfrenta un riesgo distinto, pero el punto en común es el deterioro de la caja.

Según el Informe de Inclusión Financiera del Banco Central de la República Argentina (primer semestre 2025), el 73,4% de las MiPyMEs con certificado vigente tenía algún tipo de financiamiento bancario. Es decir, la mayoría está dentro del sistema (Grupo 1).

Sin embargo, estar dentro no implica estar financiadas y con el financiamiento que corresponde.

El origen del arrastre: 2023-2025
En 2023 muchas empresas tomaron deuda en un contexto de tasa real negativa.

En 2024 y 2025, ya con un escenario recesivo, recurrieron nuevamente al financiamiento —esta vez por necesidad— para sostener déficits operativos.

El problema: seguían amortizando la deuda anterior, muchos casos por financiamiento de inversiones reales en bienes de uso.

Se generó así un doble arrastre financiero:

Servicio de deuda vieja a tasas altas.
Nueva deuda para cubrir déficit operativo.
Caída de márgenes para sostener ventas en un mercado recesivo.
La consecuencia directa fue la compresión del EBITDA.

 ¿Pero qué es el EBITDA? El EBITDA es un indicador financiero que muestra la ganancia operativa "pura" de una empresa antes de considerar intereses, impuestos y amortizaciones.

Significa: Earnings Before Interest (intereses) Taxes (impuestos) Depreciation (depreciaciones) Amortization (amortizaciones).
En español sería: Resultado antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.

Cuando baja el margen, baja la rentabilidad.

Cuando cae el EBITDA, se deteriora la relación de cancelación o sea la propia generación de caja.

En palabras de Llorens: "Cuando los estados contables se deterioran, las empresas y los actores gremiales empresarios se quejan de la contracción económica, los índices económicos internos de las mismas empeoran, el sistema financiero se retira y deja de renovar automáticamente esas necesidades de capital de trabajo".

En junio de 2025, con el aumento de tasas, el esquema terminó de tensionarse: fue el punto de quiebre que dejó en evidencia el deterioro en la generación de caja de las empresas.

Evidencia del estrés financiero
Hay indicadores concretos que reflejan este fenómeno:

1- Cheques rechazados

Los datos del Banco Central de la República Argentina muestran que en 2025 el porcentaje de cheques rechazados por falta de fondos se ubicó en torno al 1,3%-1,4% del total compensado, duplicando niveles previos.

Ese indicador es una señal adelantada de:

Estrés de liquidez.
Ruptura de plazos comerciales.
Financiamiento involuntario entre empresas.
Cuando la cadena de pagos se tensiona, el crédito bancario pasa de ser complementario a ser imprescindible. Y ahí aparece el cuello de botella.

2- Costo del financiamiento

Si bien hubo momentos de baja regulatoria en tasas de descuento de cheques avalados, el financiamiento bancario de corto plazo —especialmente descubierto en cuenta corriente— continúa siendo una de las herramientas más caras del sistema.

El propio BCRA reconoce en sus informes que el crédito comercial mantiene tasas nominales elevadas en términos históricos recientes.

El conflicto sectorial
El problema aparece con mayor intensidad en:

Sector industrial (principal foco de conflicto): Alta estructura de costos fijos, menor elasticidad de costos y dependencia estructural del capital de trabajo.
Sector comercial (segundo escalón de riesgo): Márgenes comprimidos por competencia y baja rotación.
Ambos sectores enfrentan un mismo problema: el desequilibrio de caja.

Para sostener ventas en un mercado recesivo, muchas empresas bajaron márgenes y precios. Eso sostuvo volumen, pero comprimió EBITDA.

El capital de trabajo dejó de financiar crecimiento y pasó a financiar supervivencia(en muchos casos destinado a cubrir acumulación de pérdidas).

Cambio de paradigma del sistema financiero
Durante años el sistema permitió renovar capital de trabajo de manera casi automática.

Hoy eso no ocurre. El sistema financiero, al retraerse pasa de: Financiar rotación permanente a exigir flujo real.

Si no se reacomodan tasas y no se facilita el "roll over" del capital financiero antiguo, 2026 puede mostrar un aumento significativo de concursos preventivos.

No es un problema micro. Es sistémico. Es una cuestión de arquitectura financiera. La transformación en la estructura económico-financiera de las PyMEs requiere instrumentos que la acompañen.

Oportunidades y debilidades
Oportunidad

Empresas medianas y medianas-grandes con:

Estructura de deuda sana.
Historial bancario consolidado.
Gestión contable/financiera profesional.
Tienen margen para:

Reestructurar.
Emitir instrumentos.
Estirar plazos.
Cambiar perfil de deuda mensual por deuda estructurada.
Debilidad

Empresas dentro del sistema, pero sin gestión financiera interna sólida.
Deuda mal estructurada y sin planificación.
Tienen acceso, pero no estrategia.
Fortaleza potencial

Empresas con buena gestión, pero fuera del mercado financiero.
Si se bancarizan estratégicamente, pueden ingresar en mejores condiciones que quienes ya arrastran pasivos deteriorados.
¿Cómo hacer frente a esta situación?
Las respuestas dependen del tamaño:

1- Micro y pequeñas

Préstamos privados en dólares ("friends & family").
Congelamiento de deuda en dólares con tasa predefinida.
Ordenamiento interno de flujo antes de volver al sistema formal.
(Es financiamiento puente, no estructural.)

2- Medianas

Pagarés avalados por SGR a un año.
Emisión posterior de ON a más de dos años.
Reestructuración para sacar presión del corto plazo.
Objetivo: Sacar la presión de la obligación mensual y convertir deuda de corto plazo en deuda estructurada.

3- Pequeñas con acceso al mercado de valores


Descuento de cheques propios.
Escalera de vencimientos para evitar picos de caja.
La advertencia
Si el paradigma financiero no cambia —es decir, si el sistema no facilita la reestructuración del capital de trabajo acumulado— la rueda se repetirá: deuda → compresión de margen → caída de EBITDA → deterioro de ratios → no renovación → estrés → concurso/quiebra.

El problema no es cuánto deben las PyMEs.

El problema es que el sistema dejó de permitir que el capital de trabajo se financie de manera permanente.

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