La paz del cementerio

Los grandes partidos, en la Argentina, ya no son partidos políticos sino, más bien, agencias de colocaciones.
POLITICA18/08/2026

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La del título es una frase que vincula los efectos que, sobre el 80% de los habitantes, producen políticas recesivas de un solo objetivo: disminuir presiones inflacionarias. Apelé al filósofo M. Bunge para señalar sus consecuencias sistémicas: cae la recaudación. El ajuste continuado es símil al juego del ahorcado.

Me referiré a una pequeña acción que terminará con la calma y el respeto a el Cementerio que custodia a muchos grandes de la Independencia, de la construcción del Estado, de las artes, las ciencias y a aquellos que habitaron nuestro suelo cuando la Nación ya estaba en marcha.

Me refiero a una decisión "infame, ridícula y denigrante", dice Nicolás Maschwitz (LN12/8).

Decisión de Jorge Macri, a quien Elisa Carrió vetó su precandidatura para el Senado, porque - declaró - no podía encabezar la boleta por "problemas con la corrupción" (El Economista). En su lugar se designó a Esteban Bullrich: el agua Bullrich y el aceite Macri.

Por lealtades de familia, Jorge, llegó al poder de CABA y ahora decidió terminar con la paz de la Recoleta: licita para concesionar por 5 años una bóveda desocupada para instalar un espacio comercial gastronómico, y/o gift shop, por el que habrá que pagar $1,6 millones mensuales. Por ser Monumento Histórico Nacional, cualquier modificación física debe tener la "aprobación Dirección de Cementerios". La ley 4977 de CABA dice "Queda prohibida toda actividad comercial, en sus diferentes formas, dentro de los predios de los cementerios del GCBA" (N. Maschwitz LN 12/8).

Pero para Macri la ley, la norma, el sentido común, importan poco. Igual que Mauricio que por decreto permitió que los familiares de los funcionarios accedieran al blanqueo a pesar que la ley lo prohíbe. Igual que Milei no cumple leyes sancionadas.

Hay en estas personas una idea de que as leyes son meras recomendaciones .Volvamos.

Por ejemplo, los cementerios históricos de París —Père-Lachaise, Montparnasse o Montmartre— más visitados por el turismo internacional que nuestra Recoleta, no permiten negocios al interior y está prohibido realizar picnics o consumir bebidas alcohólicas.

Lo de Jorge es una vergüenza, como no invocar: "¡Qué falta de respeto, qué atropello/A la razón!/¡Cualquiera es un señor!/¡Cualquiera es un ladrón!/Mezclao con Toscanini, va Scarface y Napoleón/Don Bosco y la Mignon/Carnera y San Martín/Igual que en la vidriera irrespetuosa/De los cambalaches/Se ha mezclao la vida/Y herida por un sable sin remaches/Ves llorar la Biblia/Junto a un calefón" (E.S.Discepolo)

Simplemente: es lo que hay, es lo que son. Es el problema "el pez se pudre por la cabeza". 

Al respecto la nota editorial de La Nación (12/8) sobre J.L.Manzano –emblema del menemismo y de la transformación que, de la cultura política, realizó el menemismo– dice: "Una democracia precisa políticos honestos y empresarios exitosos. Pero necesita….que unos y otros lleguen a serlo por caminos diferentes...(o) seguirán sospechando que el verdadero negocio no consiste en competir en el mercado, sino en conquistar el poder"… Indudable. 

Pero no hay que olvidar que –salvo una, que siendo excepción, recibe injustificados subsidios– todas las grandes nuevas fortunas argentinas son las generadas por concesiones, privatizaciones de servicios públicos, entidades bancarias provinciales, curros varios, todos entre el tráfico de "expertos en mercados regulados" (la obscenidad de Néstor y Eskenazi) o las grandes "privatizaciones" de la época menemista que signaron el declive moral de la vida política. 

Son fortunas de primera generación, de ésta generación, que logro en 50 años multiplicar por 20 el número de pobres y por miles de millones de veces el patrimonio original de los "concesionarios". 

La Nación comienza diciendo "JL Manzano pasó a la historia…por la frase "Yo robo para la corona" la misma que inspiró a H.Verbisky para un texto de denuncia que – como todo lo que se diga de los nuevos poderosos – quedará en el olvido…pero que tiene tremendas consecuencias. 

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Hay un puente entre aquello y esto: en noviembre de 2024, la Fundación Faro, en el Yacht Club Puerto Madero de los hermanos Neuss, recibía a US$ 25.000 el cubierto a estos nuevos mega: J. L. Manzano, H. Eurnekian, B.Bulgheroni, M. Mindlin, "nuevos ricos por concesiones". Dijeron presente, mientras escuchaban a A.Laje y a J.Milei. 

Como escribió M. dal Poggetto "Back to the 90s"…por ahora sin los méritos de los 90. Ni la estabilidad de precios, ni la tasa de crecimiento, ni las inversiones en infraestructura. Méritos con enormes costos que 10 años después se llevaron todo puesto…a flote los concesionarios. Como ahora.

El modelo de los '90 endulzaba el camino…pero el atraso cambiario, la anfetamina para adelgazar la inflación, terminaba inexorablemente en lo que terminó. 

Volvió la anfetamina, crecieron los concesionarios, los viejos y los nuevos, pero sigue ausente el crecimiento y la tasa de inflación ronda 30% anual: no califica como estabilidad. Los magos del carry, que siguen ganando a lo pavote, gracias a una tasa de interés vinculada a la inflación en pesos y al dólar oportunidad, son la claque. 

La transformación estructural que llevó a cabo el menemismo consistió, esencialmente, en poner en manos de "pocos" privados, por monedas, la acumulación centenaria de bienes del Estado y sobre todo, poner en sus manos, los beneficios de las barreras naturales de las que disponen los servicios que esos bienes ofrecen. Se amasaron fortunas fáciles y se acumuló un poder económico tan extraordinario que hace muy difícil la ejecución de políticas de desarrollo: son beneficiarios del atraso cambiario. 

La Nación, en la editorial, concluye con la pregunta "por qué nuestro sistema institucional sigue ofreciendo incentivos para que el camino más corto hacia ciertos negocios estratégicos pase, con tanta frecuencia, por el ejercicio previo del poder político" o – agrego – con la anuencia del poder político. Hay una connivencia malsana. 

Y son dos los pilares de esa estructura que, de una u otra forma, nos ha traído hasta aquí. 

El primero es,  fundamentalmente, la debilidad estructural de los partidos políticos. E. Burke ofrece la definición más clara sobre el "ideal" del Bien Común en la razón del "partido" y también como "parte de un todo que es la Nación". Para él un partido "es un cuerpo de personas unidas para promover, juntos, el interés nacional en base a algún principio en el que están todos de acuerdo". Estamos a años luz. 

Hoy nos gobierna –en realidad– un grupo de personas unidas por, en el mejor de los casos, los cargos: la escalera al éxito. Aclaro: no dudo del motor de la convicción de una figura dominante como Sturzeneger. Un tipo de convicciones. Fronterizas, pero convicciones. No hay ahí, creo, nada oculto. De los demás…la duda. 

¿Quién habiendo sido radical, peronista, montonero, macrista fue auténticamente militante de aquellas ideas y puede convencernos de su fe en el anarcocapitalismo que hoy ejecuta? Una de las dos veces miente o tal vez las dos. Lo mismo vale para los kirchneristas, menemistas de ayer. Néstor diciendo "Menem el mejor presidente de los argentinos" poniendo los votos para privatizar YPF, haciendo las gestiones para "regalarle" la conducción y las acciones de YPF a los Ezquenazi y sus mismos fieles estatizando el 51% de YPF. ¿Dónde los principios? 

Los grandes partidos, en la Argentina, ya no son partidos políticos, en el sentido de Burke, sino, más bien, agencias de colocaciones. Así nos va con el primer pilar.    

El segundo pilar es la Justicia. El Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA, expone un escenario de desconfianza hacia la Justicia.

Una encuesta (1217 casos) realizada en el AMBA en mayo de 2026, señala que  la mayoría de la población percibe que los jueces están influenciados por el poder político y económico, y que el sistema judicial favorece a los sectores con poder. De los encuestados 94,6% considera a los jueces influenciados por el poder político o económico y 94,1% sostiene que la Justicia es poco o nada eficiente y 73,8% cree que empeoró en los últimos años y 55,8% cree que continuará deteriorándose. De los consultados 93,6% aseguró que la corrupción afectó su vida cotidiana. Y esta visión atraviesa diferentes sectores sociales e ideológicos.

De 1 al 10, la confianza promedio en la Justicia fue de 2,5. Entre votantes del presidente Javier Milei el índice fue de 2,6, mientras que entre votantes de Sergio Massa descendió a 2,4. De los encuestados 77% prioriza los méritos académicos por encima de las negociaciones para elegir jueces.

La desconfianza estructural hacia el sistema judicial y las instituciones políticas es transversal.

¿Entonces?

Reconstruir la confianza social en las instituciones. Que las leyes se cumplan: la ley de CABA para no abrir comederos en el Cementerio o las leyes nacionales que el Ejecutivo no cumple, o la aplicación de los recursos impositivos a su finalidad específica y no para ocultar los verdaderos resultados de, por ejemplo, las cuentas fiscales. Sería ejemplar que el Presidente exigiera a los fiscales y jueces, que tramiten con urgencia las causas en las que debe y puede, acreditar su inocencia y su apego a la moral y a la ley. 

Pasos para reconstruir confianza. 

Es imprescindible reconstruir la virtud de la política, la procura del Bien Común. Requiere la palabra, debate de ideas y construcción de propuestas. La CN instituye los partidos políticos: que se vote una ley para que, los que concurran a la elección presidencial, debatan públicamente sus plataformas para todas las misiones de las carteras del PEN. Luego los candidatos. Antes "para qué".

Que ningún Juez sea designado antes de 50 años de edad y previo escrutinio público de su trayectoria académica y moral. 

Nada se resuelve de manera inmediata, pero "el futuro no es algo que va a venir, sino lo que vamos a hacer" (H. Bergson). Construir "la paz" -en su origen "acuerdo" y "consenso"- antes que esto sea un cementerio.

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