La industria metalúrgica en caída y sin piso a la vista

El sector sufre la debilidad de la demanda en el mercado interno y el aluvión de las importaciones. Sin cambios, todo indica que este año se acelerarán los cierres, suspensiones y despidos.

ECONOMIA30/01/2026
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Las máquinas funcionan a menos de la mitad de su capacidad en la planta de fundición de acero de Enerbom ubicada en Escobar, en pleno conurbano bonaerense. Pese a que los desarrollos en Vaca Muerta siguen batiendo records, las piezas y componentes que produce Enerbom para válvulas que se utilizan en la industria del petróleo tienen muy poca demanda. La explicación a esa aparente paradoja es simple: las válvulas de producción local vienen siendo reemplazadas en forma cada vez más acelerada por importaciones de menor calidad provenientes de China y, en menor medida, de India. 

"Llevamos prácticamente veinte meses sin venta de válvulas, un elemento crítico de seguridad en los proyectos petroleros: hasta ahora hemos sobrevivido, pero ya estamos en una crisis muy profunda que nunca antes habíamos vivido", dijo a El Economista Alejo Bendersky, director de Enerbom, una productora de piezas de acero al carbón de aleación con más de 40 años de trayectoria. 

Casos como el de Enerbom se replican en todas las ramas de la industria metalúrgica. Con una contracción interanual del 0,9% en 2025 que siguió al desplome del 12,1% que ya había registrado en 2024, la actividad metalúrgica cerró el año pasado con los peores indicadores de producción desde la pandemia, según datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA). El mayor problema es que lejos de haber tocado piso, la crisis se viene profundizando. De hecho, en diciembre pasado, luego de ocho meses consecutivos de caída contra el mes anterior, la contracción interanual fue del 7,1%. Con eso, el nivel de actividad en el sector cerró el año pasado casi 20% por debajo del que se registraba a mediados de 2023.

Sin ninguna señal que anticipe un cambio de tendencia, el año se inicia con la amenaza concreta de que varias empresas del sector queden en el camino. "El gobierno decía que iba a bajar impuestos, pero lamentablemente no ha hecho absolutamente nada de eso y, en cambio, abrió la jaula de los leones", dijo a El Economista Pablo Rufino, presidente de la Cámara de Fabricantes de Máquinas y Equipos para la Industria (CAFMEI). "No competimos con una empresa china sino con el estado chino: es imposible que una pyme de menos de 100 empleados pueda ganar esa guerra comercial", agregó.

Solo el año pasado la entrada de bienes metalúrgicos desde el exterior saltó más del 50% con respecto a 2024. Con eso, de acuerdo a ADIMRA, "las importaciones de productos metalúrgicos se encuentran en niveles históricamente altos y crecen, en promedio, a una tasa mensual del 3,5% (tomando como base mediados del 2024) en un contexto de caída de la producción local".

Madre de industrias
El panorama de la industria metalúrgica es un termómetro útil para medir la evolución de la actividad económica dado que provee maquinarias y equipos a casi todos los sectores productivos. Compuesto casi en su totalidad por cerca de 20.000 pymes que dan empleo directo a unos 300.000 trabajadores, el sector metalúrgico abastece desde la metalmecánica a la fabricación de maquinaria agrícola, pasando por autopartes, estructuras metálicas para construcción y fundición.  

Con esa capacidad para interactuar con buena parte de la economía real, el panorama crítico de este sector enciende luces amarillas cada vez más intensas en torno al estado de situación de la actividad productiva. De los ocho sectores que conforman la industria metalúrgica, solo Carrocerías y remolques presentó en diciembre una mínima recuperación del 1,5% contra el mismo mes de 2024. En cambio, fundición (-19,8%), maquinaria agrícola (-8,5%), equipos y aparatos eléctricos (-7,1%), otros productos de metal (-5,8%), autopartes (-5,8%), bienes de capital (-5,4%) y equipamiento médico (-4,6%) registraron fuertes caídas. 

Como en una réplica del panorama que sufre buena parte de los sectores industriales, las empresas metalúrgicas acusan el doble impacto de la debilidad de la demanda en el mercado interno y de una avalancha de importaciones. Con un creciente número de empresas del sector que se vienen reconvirtiendo en importadoras, el uso de la capacidad instalada está en niveles mínimos: en diciembre fue de apenas el 44%. 

Con ese panorama, no sorprende que la situación laboral empiece a tensarse. En diciembre, la cantidad de puestos de trabajo en el sector metalúrgico fue 2,5% inferior a la del último mes de 2024, de acuerdo al informe de ADIMRA. En tanto, según la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), desde la asunción del gobierno de Javier Milei, el sector registra la pérdida de 26.000 puestos de trabajo formales, cerca del 9% del empleo total.

Aún con esas cifras, hasta ahora la caída del empleo corrió lento que el ritmo al que viene descendiendo la producción. No obstante, esos diques de contención podrían verse desbordados en los próximos meses. "Tratamos de no desvincular a más personal, que en general es muy calificado, porque no vamos a poder seguir produciendo, pero ya se hace imposible", dijo Rufino. 

El impacto de las suspensiones y despidos golpea sobre todo a los conurbanos de las grandes ciudades, donde en general se asientan las empresas del sector. En el gran Buenos Aires se concentra casi el 60% del entramado metalúrgico del país. Allí, la caída interanual de la producción en diciembre fue del 9,2%, mientras que en Córdoba fue del 8,6% y en Santa Fe, del 7,3%. 

Con semejantes caídas, la aparición de los conflictos laborales se sucede cada vez con mayor velocidad y abarcan a todas las ramas. Entre denuncias de vaciamiento empresarial y un mercado de maquinaria agrícola en descenso -en diciembre, las ventas cayeron 16,2% interanual, según la

Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA)-, la planta de la histórica fábrica de cosechadoras Vassalli en Firmat, provincia de Santa Fe, se mantiene virtualmente paralizada. En tanto, en medio de un derrumbe de los volúmenes de producción a la mitad del que se había registrado en 2024, Acindar viene llevando adelante un plan de despidos y suspensiones en su planta de Villa Constitución. 

En los últimos días, la empresa rosarina Fornax SRL, dedicada a la fabricación de implementos gastronómicos, anunció que cerrará definitivamente sus puertas el 31 de enero. Ese cierre se sumó a otro reciente de Acerías Berisso, una histórica metalúrgica que funcionó por más de 50 años. 

¿Qué esperar del 2026?
Lejos de asomar un giro, las expectativas para este año son más bien de continuidad y hasta de aceleración de la tendencia descendente. Según la última encuesta de ADIMRA realizada en diciembre, 8 de cada 10 empresas del sector no esperan cambios positivos en su producción para los próximos tres meses. "En producción, demanda interna, utilización de la capacidad instalada e inversión, se observa una alta proporción de empresas que anticipa cambios, predominando claramente las expectativas de caída", señaló el informe.

Con una demanda en el mercado interno que no anticipa una recuperación para este año, sumado a la suba de los costos y a la mayor competencia importadora, el futuro luce sombrío. "Las pymes industriales no podemos resistir indefinidamente en este contexto", dijo Bendersky. "Si seguimos así, vamos a desaparecer y la desaparición de la cadena de valor implicaría serios problemas incluso para desarrollos exitosos como el de Vaca Muerta".

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