Horacio Barreiro: "Hay bandas narcos que financian las deudas de los vecinos en los barrios bonaerenses"

El ex subsecretario de Trabajo bonaerense y dirigente radical Horacio Barreiro disecciona la realidad del país. Cuestiona el modelo económico y político del gobierno, advierte sobre el avance de las redes criminales en el conurbano y traza el mapa del peronismo y de su propio partido de cara al futuro.
POLITICA21/08/2026

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Epígrafe: "El radicalismo no tiene que elegir a quién acompañar; tiene que decidir qué quiere ser", señala Barreiro. 

El militante radical Horacio Barreiro se acomoda en la silla de La Farola de Martínez. La conversación apunta a desentrañar la coyuntura política para El Economista a través de la mirada de alguien que conoce los rincones del poder y los vaivenes de la calle. En un momento preelectoral repleto de cálculos y especulaciones, Barreiro dialoga con soltura.

Es abogado, hiperactivo confeso y militante desde 1982. Presidió la Juventud Radical de la provincia de Buenos Aires desde 1989 hasta 1991 y se define como ultraalfonsinista. Atravesó pasillos ministeriales como asesor en la Secretaría de Justicia en el gobierno de la Alianza y ofició de subsecretario de Trabajo bonaerense en la gestión de María Eugenia Vidal. 

Escribe diversos artículos de análisis político y económico. Allí advierte sobre los riesgos institucionales del presente: cuestiona la reforma laboral libertaria, la que fracturará el mundo del trabajo y multiplicará la litigiosidad, y alerta al radicalismo sobre el peligro moral y político de forjar alianzas con el actual oficialismo libertario. 

La noche del golpe de Estado de 1976, mientras gran parte de la sociedad festejaba, en su casa el clima era sombrío. De su padre, un abogado de cuna radical, Horacio, el hermano mayor —un adolescente rebelde expulsado poco después del secundario privado a causa de sus provocaciones en las clases de historia—, escuchó una advertencia. "Los que festejan se equivocan. Los que se van son unos canallas que dejan un desastre. Pero los que vienen van a matar a todos", sentenció.

Su padre presentó recursos de hábeas corpus por desaparecidos de la zona para exigirle al Estado respuestas sobre el paradero y la situación legal de las personas secuestradas. También defendió a exfuncionarios peronistas despojados de sus bienes por la dictadura. Esa matriz marcó la vida de su hijo.

Horacio Barreiro conoció a su esposa, Elsa Llenderrozas, en la Juventud Radical a mediados de la década del ochenta. Tuvieron dos hijas. Sobrevivió a las crisis más cruentas de la Argentina. El convulso enero de 2002 lo encontró sin empleo fijo, eyectado del Congreso tras la caída de Fernando de la Rúa. Sin ahorros suficientes para pagar la hipoteca, debió reinventarse. Retomó el ejercicio del derecho, junto a un tío suyo, también radical y logró salir adelante. Hoy después de la pandemia se volvió a reinventar, dejó su estudio en CABA y se instaló en San Isidro. 

A la actividad pública siempre le sumó una rutina familiar intensa. Trabajar, volver a casa, cocinar para su familia y luego leer y escuchar jazz y tango hasta la madrugada. Su colección supera los 3000 CDs. A las seis de la mañana ya estaba de pie para volver a trabajar. Recuerda con nostalgia los sábados cuando por la mañana llevaba a sus hijas a jugar al tenis.

Una vitalidad que el paso del tiempo, una afección pulmonar y dos contagios severos de coronavirus lograron apaciguar solo a medias. En la charla se lo percibe sumamente lúcido y vital, muy despierto. Habla rápido, con pasión y con un ímpetu intacto por abarcar múltiples temas, aunque hoy prefiere administrar esa energía para concentrarse en su misión central: compartir tiempo con su familia, disfrutar con amigos y aportar su visión al radicalismo sin buscar candidaturas.

Con esa autoridad, alejada de las ambiciones personales, Barreiro desmenuza el escenario político actual.

—¿Qué balance hacés del gobierno de Milei? —le pregunta El Economista a Barreiro. 

—Estoy en contra del gobierno nacional desde el primer día. Y no solamente porque esté en desacuerdo con su modelo económico. Estoy en contra del modelo social que pretende para los argentinos. Milei plantea una sociedad en la que cada individuo queda prácticamente librado a su propia suerte. Yo creo exactamente lo contrario: que una sociedad democrática necesita crecimiento económico, pero también necesita Estado, instituciones, movilidad social y oportunidades.

El de Milei es un gobierno hiperideológico, al cual no le importa la gente. Lo vemos hoy, "los endeudados que se arreglen solos". Estamos ante un presidente con serios problemas de conducta y de equilibrio emocional y que se apoya en sectores económicos a los cuales no les importa el país y solo hacen negociosCaputo representa a la patria financiera, y los grandes estudios jurídicos gobiernan a través de Sturzenegger. 

Si el único objetivo es bajar la inflación, reducir el déficit y abrir la economía para facilitar negocios, se puede conseguir estabilidad de determinadas variables y, al mismo tiempo, generar una sociedad más desigual.

¿Qué viene después? ¿Cuál es el modelo productivo? ¿Qué sectores van a generar empleo? ¿Cómo se incorpora a la economía formal a millones de argentinos? ¿Cómo se recupera el salario? ¿Qué hacemos con la industria, con las pequeñas y medianas empresas y con las economías regionales? ¿Cómo formamos a la gente para el mundo que viene? Ahí es donde observo una enorme debilidad. 

El Gobierno apuesta fuerte a Vaca Muerta, la minería y los recursos naturales. Hay que aprovecharlos. Pero no lograrán cimentar, por sí solos, un modelo de desarrollo para toda la Argentina.

Vaca Muerta no es un invento libertario. Su desarrollo atravesó gobiernos de distintos signos políticos. Lo mismo ocurre con la minería: Gerardo Morales es un buen ejemplo; impulsó su desarrollo en Jujuy y buscó utilizar esos recursos para financiar infraestructura y servicios públicos. En dos mandatos dio vuelta la provincia. Ocurre que Morales, de manera inteligente, tomó el dinero de la actividad minera y lo invirtió en escuelas e infraestructura.

La discusión no es si hay que desarrollar el petróleo, el gas o la minería. Por supuesto que hay que hacerlo. La discusión es qué se hace con esa riqueza.

Si los recursos naturales generan dólares, pero no se transforman en empleo, infraestructura, educación, tecnología y desarrollo productivo, se puede terminar con una economía dual: un sector extractivo muy rentable y una mayoría de la sociedad que queda afuera.

—¿Sólo con los recursos naturales no alcanza?

—Exactamente. Argentina tiene casi 50 millones de habitantes. La riqueza de Vaca Muerta, la minería y el campo son enormes, pero no alcanzan por sí solos. Necesitamos una economía diversificada, capaz de generar trabajo y oportunidades. Los recursos naturales deben ser una palanca para el desarrollo, no un sustituto del desarrollo.

Para que un modelo basado únicamente en materias primas alcance para sostener a un país de casi 50 millones de personas, se necesitarían ingresos por exportaciones per cápita similares a los de los países nórdicos o a los de los Emiratos Árabes. Y la Argentina está muy lejos de lograr esos volúmenes; esa riqueza no alcanza para todos.

—Si el modelo económico de Milei excluye a una gran parte de la sociedad, ¿le alcanza al oficialismo para ganar la elección de 2027?

—No lo sé. Considero que depende más de la oposición. Observo también la aparición de un nuevo sujeto económico: el endeudado.

Aparecen preocupaciones nuevas: el desempleo, el salario real y el endeudamiento, porque la gente debe mucho dinero. Todo esto terminará malEl radicalismo no debe hacer una alianza con Milei ni con el PJ. 

—¿El radicalismo debe enfrentar a Milei?

—Sí. Y con mucha claridad. Milei representa uno de los mayores retrocesos políticos, sociales e institucionales desde la recuperación democrática. Tiene una concepción del Estado, de la política y de la sociedad que es equivocada.

El esquema económico actual está atado con alambre. Al observar las cuentas públicas, hay deudas millonarias con las empresas proveedoras del Estado, retención de la coparticipación y parálisis de la obra pública. Queda claro que el superávit fiscal es una ficción. En estos días, la recesión y el aumento de la informalidad pusieron en duda la existencia del superávit fiscal.

—¿Y qué rol tendrá el radicalismo?

—Está complicado jugar un rol a nivel nacional. No existe hoy un partido nacional. El problema son los gobernadores. Todos quieren aliarse con quien les convenga para salvar la ropa. Lo entiendo desde el punto de vista territorial local, pero una cosa es defender los intereses de una provincia o de un municipio y otra es dejar de lado lo que pasa en el país y además resignar la identidad nacional del partido. El radicalismo no puede convertirse en una suma de acuerdos provinciales.

Muchos intendentes también. Chiarella, el presidente del Comité Nacional, es buen intendente, buena persona, inteligente, muy bien formado, pero no sé si tiene el poder político para tomar decisiones políticas. 

—¿Cómo evalúas el escenario del radicalismo en la provincia de Buenos Aires?

—La provincia de Buenos Aires es clave en cualquier proceso político futuro y está muy averiada. El radicalismo bonaerense debería ser uno de los motores de la reconstrucción nacional del partido. Pero para eso primero tiene que discutir qué proyecto quiere expresar. El problema no radica solo en quién lidera el Comité Provincia, sino en qué política expresa esa conducción. Hoy, Maxi Abad designó como presidente del Comité Provincia a Emiliano Balbín para evitar cualquier definición.

—¿Cómo observás las distintas posiciones internas?

—Hay tres grandes espacios.

Hay un sector que está dispuesto a dialogar con el peronismo, el de Lousteau, vía Massa. Hay otro sector que está tramitando un acuerdo con Milei vía Santilli.  Y después estamos quienes creemos que el radicalismo debe construir una tercera alternativa, que después de la fractura en la convención provincial, se llama CONSTRUIR. En ese espacio están dirigentes como Pablo JulianoValentín MirandaAgustín MáspoliFranco FlexasNatalia Quintana, intendentes como Francisco Recoulat de Trenque Lauquen o Lisando Hourcade del partido de Magdalena, la mayoría de la Juventud Radical  y dirigentes del interior y del Gran Buenos Aires.

Nosotros no queremos elegir entre Milei y el peronismo. Pero quiero aclarar algo: eso no significa no hablar con nadie. El radicalismo tiene que hablar con todos. Pero tiene que dejar de preguntarse a quién acompañar y empezar a preguntarse qué quiere ser.

No quiero que el radicalismo se disuelva dentro de una construcción peronista, pero tampoco quiero que se convierta en una estructura auxiliar del gobierno de Milei.

La identidad política no puede depender de quién tenga mejores encuestas.

En la provincia de Buenos Aires, el acuerdo del Sector de Abad y de Evolución tiene un solo objetivo: libertad de acción para el 2027. Por eso el partido se dividirá en tres. Habrá un espacio, el de Lousteau, que dialogará con el peronismo; en este caso, vía Massa. Por otro lado, el sector de Maxi Abad quiere arreglar sí o sí con Milei y con Santilli. Finalmente, están los sectores como el nuestro, que conformamos una tercera vía, CONSTRUIR. Nosotros rechazamos ambos extremos. 

—¿Y frente a un eventual acuerdo entre la UCR y Santilli?

—No. El radicalismo no puede transformarse en el acompañante de un proyecto ajeno. Una cosa es una alianza entre iguales y otra es incorporarse a una estructura en la que otro define el candidato, el programa y la estrategia. ¿Alguien imagina a Maximiliano Abad, actual senador nacional por la provincia de Buenos Aires, junto a Diego Santilli y Cristian Ritondo con la remera violeta para la foto? La posibilidad de pelear la intendencia de Mar del Plata o negociar cargos en el Poder Judicial no justifica resignar la identidad partidaria. Ése no es el camino. 

Además, hay otro tipo de cuestionamientos. Según trascendió en los medios, en datos no desmentidos por los acusados, Santilli ha presentado declaraciones juradas de bienes personales poco sólidas. A su socio político, Ritondo, lo acusan de ser el "Sr. Pucho" por su alineación con el negocio tabacalero y de tener bienes en Miami, sin que ninguno de los dos haya salido a aclarar la situación.

No tengo nada que ver con esa línea de pensamiento; me ubico en las antípodas de ambos.

—¿Y Maximiliano Pullaro asoma como una figura presidenciable dentro del radicalismo?

—Sí, pero no todavía. Gran parte de las mafias que Pullaro combatió en Rosario se están trasladando a la provincia de Buenos Aires. En algún momento el debate público girará en torno a las redes de narcotráfico que avanzan sobre el territorio bonaerense. Inevitablemente, el empobrecimiento genera más delitos y consolida la presencia narco. 

Hoy mismo hay bandas narcos que financian las deudas de los vecinos en los barrios bonaerenses y los tienen agarrados del cuello. Por ese motivo, el problema de la seguridad volverá a ser un tema central de debate más adelante. Allí Pullaro tiene un perfil sólido; administra muy bien su provincia, tiene un modelo productivo y sabe con claridad qué medidas tomar. 

—¿Cuáles son los riesgos hacia 2027?

—Observo dos riesgos. Si gana Milei, existe el riesgo de que profundice su modelo. ¿Es peligroso? Peligrosísimo. Un escenario con Sturzenegger a los tiros al aire y con libertad para cualquier desastre. Por otro lado, si gana una oposición peronista, no se encuentra en condiciones de gobernar. Carece de programa económico y de equipo. Por eso insisto: la Argentina necesita una alternativa.

—¿Cómo evaluás el ecosistema del peronismo actual?

—Si interpretan que pueden ganar, se van a juntar todos. Kicillof va a ser candidato porque Massa no puede serlo.

El problema de la Argentina en 2027 es que es una sociedad que tiene un alto porcentaje de antiperonismo. Así como el peronismo tiene un alto porcentaje de anticlase media, hay muchos ciudadanos que votan a Milei únicamente para que no gane el peronismo. 

El problema es que esa lógica de votar contra alguien termina encerrando a la sociedad en una polarización permanente.

—¿Cómo se rompe esa polarización?

Alfonsín lo hizo. Alfonsín desarmó esa trampa con votos peronistas porque supo encarnar el consenso democrático tras la dictadura. Alfonsín entendió que no podía construir la democracia solamente con los votos radicales. Tenía que convencer también a los peronistas. Encarnó una idea de país que era más fuerte que el rechazo al adversario.

Hoy tenemos una nueva demanda sobre ingresos, salarios, empleos, endeudados. Hay que escuchar esa demanda y darle soluciones.

—¿Cuál es la lógica detrás del desgaste sistemático de Máximo Kirchner a Axel Kicillof?

—El poder. Pero Cristina y La Cámpora no entienden algo. El único dirigente que le puede garantizar a Cristina el indulto es Kicillof porque es un hombre de bien. Massa, si llega a ser presidente, al día siguiente le da doble condenaMassa es un incumplidor serial. 

Respecto a esto un periodista importante y bien informado dejó entrever que hay un acuerdo entre Cristina y Milei para dividir el peronismo, y que Milei le dé el indulto. ¿Le conviene a Milei el peronismo dividido? Por supuesto.

—¿Qué futuro le espera a la UCR?

Para la UCR el riesgo es desaparecer por comodidad, detrás de Milei o detrás del peronismo. Yo prefiero correr el riesgo de construir algo propio.

Porque si el radicalismo abandona su identidad para ganar una elección, puede ganar una elección y perder su razón de existir. Y un partido que pierde su razón de existir, tarde o temprano, deja de existir. 

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