Los superávits se agotan

En el mundo casi no hay países que tengan superávit fiscal. Revisar algunos casos históricos puede servir para entender si Argentina podrá mantenerlos. Tal vez a Milei le está llegando su "Momento Cristina".
ECONOMIA25/09/2026

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"Esta noche a la medianoche América pone fin a tres décadas de déficits y lanza una nueva era de presupuestos equilibrados y superávits". Era 1998 y Bill Clinton anunciaba entre aplausos lo que iba a ser el primero de cuatro años consecutivos con superávit fiscal a nivel federal. Todos conocemos la historia. En 2002, luego de una caída en la economía del norte, volvieron los déficits, que continúan hasta al día de hoy.

En aquella época, el ingeniero electrónico y doctor en ciencias de la computación, Sanjiv Sharma, ganó unos 750 millones de dólares apostando a que esos superávits terminarían generando una recesión. Su lógica era bastante simple. Los superávits de Clinton estaban aspirando dólares de la economía, la cual no podría mantenerse activa eternamente y la cual entraría eventualmente en una recesión. Esa recesión, además, reduciría la recaudación generando, por las malas, el retorno de los déficits fiscales.

Una economía que crece es una economía que necesita más gasto para funcionar y, si el gobierno tiene superávit, o sea que gasta menos de lo que recauda, es necesario que otro tenga déficit para compensar, que gaste más de lo que le ingresa. Por lo tanto, cuando un gobierno tiene superávit fiscal esta forzando a que alguien más en el resto de la sociedad tenga alguna forma de déficit o que el mismo gobierno sea quien provea ese gasto, con algún tipo de déficit distinto al fiscal.

En el caso planteado anteriormente en Estados Unidos era el sector privado quien gastaba más que su ingreso endeudándose con el sector bancario para, entre otras cosas, apostar en la burbuja de las "punto com". Era una situación similar a la que algunos describen hoy en el mercado de las acciones de inteligencia artificial o lo que ocurrió en el mercado inmobiliario antes de que estallara esa burbuja.

En esos años muchos, como el presidente Clinton, explicaban que aquel superávit fiscal ayudaba a que se expandiera el crédito bancario y que la economía creciera. La realidad fue exactamente al revés. Fue aquel déficit (privado) el que generaba el gasto suficiente para que la economía creciera y, de paso, subiera la recaudación impositiva. Pero claro, el sistema bancario no iba a financiar eternamente y, como era claro que sucedería, la economía colapsaría.

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¿Y Argentina?

El presupuesto para 2027 prevé que el gobierno tenga su cuarto año con superávit fiscal consecutivo. Las fuentes de déficit alternativo son conocidas. Tuvimos un fuerte crecimiento del crédito al sector privado , que pasó de 5% del PIB en 2024 a más de 12% en 2026. Y por otro lado, la sociedad recibió otra forma de déficit de pesos del gobierno, a través del Banco Central, gracias a la enorme compra de dólares con emisión  que ocurrió en los primeros semestres de 2024 y 2026.

Acá es importante hacer una aclaración. Muchos dirán que la compra de dólares no es un aumento del gasto sino un cambio de portafolio entre dos monedas. Es un error. Cuando se analiza la economía argentina es fundamental seguir la provisión de activos en pesos porque la escasez de los mismos genera, justamente, que los impuestos (que se pagan en pesos) enfríen la actividad más de lo necesario. Es esa emisión de pesos que hace el Banco Central la que, indirectamente, permite al Tesoro obtener una mayor recaudación o renovar en exceso sus vencimientos en moneda local.

Algo similar a esto último ocurrió en los 4 años de superávits gemelos que tuvo Nestor Kirchner. El Banco Central emitía pesos y los vendía a cambio de dólares para mantener un tipo de cambio artificialmente alto. Eso permitía tanto el superávit fiscal como el comercial. Pero claro, si uno no deja bajar el dólar, la suba del nivel de precios compensa y, cuando ello ocurriera, la vuelta del déficit fiscal se tornaría inexorable. No, no es que Nestor fuera fiscalmente responsable y Cristina lo contrario. Simplemente, le tocaron dos períodos y situaciones diferentes.

Al Mingo le pasó algo parecido. Cavallo suele recordarle a Milei que él también "logró" superávit en 1993. Claro, el "déficit" de pesos, en ese caso, lo hacía la caja de conversión que absorbía los dólares que ingresaban a la Argentina por privatizaciones, entre otras razones. El ingreso de dólares era comprado por el Banco Central con emisión de pesos que, entre otras cosas, permitían un mayor dinamismo de la economía y una mayor recaudación fiscal. Lamentablemente, lo que ocurría para un lado también lo hacía para el otro. La caja de conversión exacerba los ciclos y, luego de la devaluación del Real y la salida de capitales, ya no había mucho por hacer. A Fernando le tocó una bomba que no podía hacer otra cosa que explotar.

La pregunta es qué le ocurrirá a Milei al cual, pareciera, le está por llegar su "momento Cristina". Las fuentes de déficits de pesos no fiscales que sostuvieron el superávit se agotan (tanto el crédito al sector privado como la compra de dólares) y eso se siente en la recaudación. Para colmo, el gasto ya no tiene mucho que aportar. Los expertos explican que dos terceras partes se ajustan automáticamente por inflación y que el resto de los gastos son demasiado sensibles para poder achicar.

Además, un recorte adicional de gasto sólo podría, en el mejor de los casos, ganar un poco de tiempo porque las fuentes alternativas de déficit van desapareciendo. Milei está cerca de convertirse en un perro que intenta morderse la cola. Justo en un año electoral. Tal vez una aceleración en la compra de reservas podría ayudarlo pero claro, el terror es que se despierte la inflación. Por otra parte, la evidencia parecería mostrar que esa forma de déficit no está llegando a los sectores que más empleo generan, en particular a la construcción.

La solución debería ser la que tomó el presidente republicano George Bush jr. a comienzos de los 2000; bajar impuestos y aumentar gastos donde pudo para que la situación económica no le costara la reelección. Cuando le preguntaban sobre el aumento del déficit solía responder: "No veo números en una planilla, lo que me interesa es la evolución del desempleo". Esa debería ser la actitud. Esa no va a ser la actitud.

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