Sin combustible, el motor se apaga

La actividad cayó por segundo mes consecutivo y la tendencia lleva cinco meses en cero. El país acumula dólares como nunca, pero la economía que produce, vende y emplea se quedó sin crédito.
ECONOMIA22/10/2026

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El INDEC difundió el Estimador Mensual de Actividad Económica de agosto y el dato confirma lo que distintos economistas venían advirtiendo. La actividad cayó 1,7% interanual, la segunda caída consecutiva después del retroceso de 1,5% de julio, algo que no ocurría desde 2024. En la medición desestacionalizada hubo una mejora de apenas 0,1% mensual, insuficiente para compensar la baja de 2,8% del mes anterior: el índice quedó en su nivel más bajo desde octubre de 2024 y 4,4% por debajo del máximo de marzo.

Más revelador que la variación puntual es el componente tendencia-ciclo, que filtra el ruido de corto plazo y muestra hacia dónde va la economía. No registra variación por quinto mes consecutivo. La actividad no se desploma, pero tampoco avanza. El crecimiento acumulado del año, que en marzo alcanzaba 2,4%, ya se redujo a 1,2%.

Roberto Arriazu, uno de los economistas más escuchados por el Presidente, sostuvo recientemente que la Argentina debería crecer por encima del 5%. Los números de agosto ayudan a entender por qué la distancia entre ese potencial y la realidad es tan amplia.

Una economía de dos velocidades

De los quince sectores que componen el indicador, cinco crecieron y diez cayeron. El que más avanzó fue Explotación de minas y canteras, con una suba de 11,1%. Su aporte fue de 0,47 puntos porcentuales, es decir, más de dos tercios de los 0,67 puntos que sumaron en conjunto todas las actividades en alza. Lo acompañaron Electricidad, gas y agua (4,3%) y Hoteles y restaurantes (3,1%).

Del otro lado están los sectores que concentran el empleo. La Industria manufacturera cayó 3,2% y el Comercio 3,5%; entre ambos le restaron 0,9 puntos a la variación general. Construcción retrocedió 2,5% y Transporte y comunicaciones, 2,9%.

La teoría económica describió este patrón hace más de cuatro décadas. W. Max Corden y J. Peter Neary mostraron en 1982 que cuando un sector de recursos naturales se expande con fuerza, el resto de los sectores transables tiende a perder terreno, ya sea por la apreciación real de la moneda o por el desplazamiento de recursos hacia la actividad en auge. No es un destino inevitable, pero evitarlo exige una política deliberada que vincule el boom extractivo con el resto del entramado productivo.

Dólares que entran, pesos que no circulan

Los dólares no son el problema. La cosecha récord, la producción petrolera en máximos históricos y el superávit energético generan un flujo de divisas que el país no conocía. El Banco Central aprovechó esa abundancia: compró en el año más de USD 15.500 millones, bastante por encima de lo pactado con el FMI.

La cuestión es qué ocurre con los pesos que se emiten para comprar esos dólares. Para evitar presiones inflacionarias, se vuelven a absorber con tasas elevadas e instrumentos de deuda. El dólar queda en las reservas y el peso nunca llega a la economía real. El propio EMAE lo refleja: Intermediación financiera cayó 3,8% interanual en agosto, cuando un año atrás crecía al 25%.

Joseph Schumpeter explicó en su Teoría del desenvolvimiento económico que el crédito es el mecanismo que pone poder de compra en manos de quienes quieren producir algo nuevo. Sin crédito, sostenía, la economía queda atrapada en un flujo circular que se reproduce a sí mismo, sin innovación ni crecimiento. Una tendencia-ciclo clavada en cero es una descripción bastante precisa de ese estado.

Las consecuencias ya aparecen en otros indicadores. Las compras de bienes de capital cayeron 16,6% en cantidades y el Banco Mundial redujo su proyección de crecimiento para 2026 de 3,6% a 2,1%. Una economía que no renueva sus máquinas hoy es una economía que producirá menos mañana.

Remonetizar sin desordenar

La salida no pasa por abandonar la disciplina fiscal ni por emitir sin respaldo. Pasa por remonetizar la economía de forma gradual, canalizando pesos a través del crédito productivo: capital de trabajo para las pymes, financiamiento para que la industria renueve equipos y líneas para que los proveedores locales se integren a las cadenas de la energía, la minería y el agro.

Ese es el puente que hoy falta entre el sector que genera las divisas y los sectores que generan el empleo. Sin él, el auge de los recursos naturales convive con una industria y un comercio en retroceso, y el país acumula reservas mientras su capacidad productiva se erosiona.

Acumular reservas sin crédito no genera confianza: genera estancamiento con superávit. Estabilizar la nominalidad es un punto de partida necesario, pero no es el destino.

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