La economía K de Milei, el "pacientómetro" y la apuesta por la baja de tasas

Econviews y Borenstein coinciden: los números macro lucen bien, pero el empleo, el consumo y el crédito cuentan otra historia. El Gobierno aprovecha la calma cambiaria para inyectar liquidez. La pregunta es cuánto dura el oxígeno.
ECONOMIA23/03/2026

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Algo cambió en la mesa chica de la política económica. Desde fines de febrero, el Banco Central dejó de aspirar pesos, permitió que sobrara liquidez en el sistema y que las tasas de corto plazo cayeran a la zona del 20%. En otros momentos la reacción habría sido la opuesta: retirar pesos y apretar. Esta vez, no.

Miguel Kiguel, desde su informe semanal de Econviews, lee el movimiento como un giro hacia la reactivación: la prioridad ya no es solo la inflación, sino levantar una economía que crece en el agregado pero avanza a dos velocidades. El agro, la energía y la minería traccionan (son la patita ascendente de la K); la construcción, la industria y el consumo masivo -es decir, la patita descendente- están estancados o cayendo. Es la famosa recuperación en K. 

Los datos que respaldan la preocupación son duros: 85.000 puestos de trabajo formales destruidos en 2025, desempleo al 7,5%, confianza del consumidor cayendo 10% en dos meses, morosidad bancaria trepando al 6,4%. Las importaciones —termómetro clásico de actividad— siguen en niveles bajos. Hoy a los empresarios les quita el sueño la falta de demanda, no la competencia importada.

La apuesta: cosecha, liquidez y crédito

La lógica del Gobierno es concreta: el tipo de cambio está tranquilo, se viene la liquidación de la cosecha gruesa y los flujos financieros acompañan. Ese colchón de dólares permitiría sostener tasas bajas unos meses sin que se escape el dólar.

Andrés Borenstein, desde su podcast "La Economía en 3 minutos", subraya el mismo punto: el BCRA compra dólares y baja la tasa simultáneamente, una combinación que apunta a generar una reactivación más inclusiva. Porque advierte que el factor político es la clave de la estabilidad. El mercado está pendiente del "pacientómetro": cuánta paciencia le queda a la sociedad con números macro que no se traducen en bienestar cotidiano.

El crédito es la pieza central de esta apuesta. Fue el gran motor de la recuperación a fines de 2024, pero se trabó: la volatilidad de tasas dejó a los bancos sin saber si su costo de fondeo sería del 20% o del 50%, y la morosidad creciente los volvió cautelosos. Si la estabilidad se sostiene, el canal crediticio podría destrabarse. Si no, el Gobierno habrá gastado munición en un intento fallido.

Los riesgos: inflación, dólar y el reloj de la cosecha

Kiguel no esquiva los riesgos. Con expectativas de inflación al alza, las tasas de plazos fijos y Lecaps ya son negativas en términos reales. Si el dólar se despierta por cualquier motivo —un shock externo, un evento político—, el BCRA tendría que volver a apretar y todo el esquema se desarma. La licitación de deuda de la semana que viene será la primera señal de cuán cómodo está el Gobierno con este rumbo.

El cierre de Kiguel resume el dilema con una frase que le queda resonando a todo el mercado: el dólar concede unas semanas de oxígeno. La pregunta es si alcanzará. 

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