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title: "Cuatro cosas que cambiaron con Milei"
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  - "centralismo"
  - "federalismo"
  - "Javier Milei"
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# Cuatro cosas que cambiaron con Milei

![69a5b266747d9__950x512](https://statics.eleconomista.com.ar/2026/03/crop/69a5b266747d9__950x512.webp)

Se cumplieron 3 años de las primarias presidenciales del 13 de agosto de 2023. Con ellas comenzó un proceso electoral de tres estaciones -PASO, elección general y balotaje- que llevó a Javier Milei a la Presidencia, provocando una revolución política en Argentina.

Aún estamos viendo y calculando sus efectos sísmicos, pero podemos señalar al menos cuatro cosas que parecieran haber cambiado en forma duradera: el sistema de partidos, la lógica del (mal llamado) federalismo argentino, la identidad geopolítica del país y el *sentido común económico* de los argentinos.

## El sistema de partidos

Comencemos por el sistema de partidos, que fue lo primero que se resquebrajó -y, tal vez, lo más importante. **Con Milei se rompió la regularidad sociológica del voto desde 1983, que Juan Carlos Torre describió como un campo dividido entre peronistas y no-peronistas.**

En esa primera elección de agosto de 2023 irrumpió un electorado nuevo: un 30% de votantes que venían tanto de Juntos por el Cambio como del Frente de Todos y fuerzas menores, y que dejaron obsoleta la noción de las dos grandes coaliciones antagónicas de "la grieta".

Lo que sucedió no fue mera volatilidad electoral, ni una "mudanza intra-bloque" (es decir, cuando alguien que votaba al kirchnerismo cambiaba hacia una fuerza emparentada, como el Frente Renovador de Sergio Massa): agosto de 2023 fue una *elección crítica*, en la que un completo *outsider* de retórica explosiva convenció a todo tipo de votantes de abandonar de un portazo sus opciones anteriores, y darle una oportunidad a un partido recién creado.

Es cierto que poco después, en ocasión del 56% del balotaje contra Massa, el *outsider* reunió a la gran mayoría de los votos remanentes de Juntos por el Cambio, dejando la impresión de que retrocedía un paso y volvía a reconstruir el campo no-peronista anterior. Eso tranquilizó a muchos, que sintieron por un rato que pisaban suelo conocido.

Pero Milei hizo algo muy distinto con ese 56%.

El cambio del sistema no era de forma, ni de personas, sino de contenido. Una vez que absorbió todo lo que pudo de su nuevo aliado electoral, incluyendo a muchos de sus dirigentes, lanzó una ofensiva ideológica sobre el conjunto de identidades y símbolos del modelo político precedente, *la casta,*y saturó a la opinión pública de debates polarizantes con *lo viejo*: usó el púlpito de la Presidencia para demoler el sistema partidario anterior, no para reconstruirlo.

Su interés es reemplazar el bicoalicionismo anterior de ideologías fluidas por una nueva representación política, basada en el espectro izquierda – derecha. Pero partiendo de la premisa de que la derecha tiene la misión histórica de reconstruirse a sí misma y, por default, al sistema todo.

El mileísmo no es sociológicamente antiperonista, precisamente porque invierte el sentido de la acción política del liberalismo clásico, que era velar por el derecho de las minorías -considerándose una de ellas- a no ser avasalladas por la tiranía de la mayoría. Para Milei es al revés, una mayoría -*los argentinos de bien*- estaba siendo sojuzgada por una minoría progresista que hegemonizaba las instituciones pero no representaba al grueso de la sociedad. Por eso **las nuevas derechas se consideran potencialmente mayoritarias, siempre y cuando sean exitosas en su misión de despertar de la*****matrix*****al pueblo dormido y reencontrarlo con sus valores, tradiciones y aspiraciones.**

## Los consensos

De este primer cambio, fundamental, se derivan todos los otros. Ya con el poder de los votos, Milei cuestionó buena parte de los "consensos" que sostenía la representación partidaria precedente, poniendo en evidencia que en muchos casos no estaban sustentados en creencias mayoritarias. Por ejemplo, en los casos de la memoria oficial de la historia de los '70, la perspectiva de género promovida por el Estado nacional o el rol de los movimientos sociales en la asignación de los planes sociales. Milei cuestionó todo y encontró más apoyos que resistencias en el camino.

## La relación federal

Uno de estos consensos derrumbados es la lógica política de la relación Nación – Provincias, que es el segundo gran cambio de la era Milei. **Por primera vez en la historia, la Casa Rosada está presidida por un federalista, y la tarea principal de los gobernadores pasó a ser la gestión de sus distritos y no ir a mendigar a Balcarce 50 -o, al menos, no tanto.**

Aunque no planteó una reforma institucional de nuestro mal llamado "federalismo fiscal" -no hubiera podido, por falta de apoyo legislativo-, Milei impuso *de facto* la idea de que el Estado central debe desconcentrarse y replegarse a la administración de los asuntos estrictamente nacionales, planteando que las provincias deben autofinanciar sus servicios y proyectos.

El *federalismo de facto* de Milei se vio facilitado, sin dudas, por el hecho de que hasta ahora no tuvo gobernadores propios, pero supongo que sería igual de "desconcentrador" si hubiera mandatarios provinciales violetas.

**La paradoja es que esta primavera neo-federal que estamos viviendo, al menos en la práctica, no surgió de las entrañas de una Argentina profunda que pedía autonomía, como hubiera soñado Dorrego, sino de un presidente porteño que promueve recortar los cordones umbilicales.**

## El mundo, según Javier

El tercer cambio de la era Milei es la orientación geopolítica de los argentinos. Milei no solo condujo al país a una alianza estrecha con Estados Unidos, sino que también convenció a muchos votantes de que eso era lo correcto. En otros tiempos, un dudoso "consenso" instalado desde los gobiernos decía que los argentinos rechazaban mayoritariamente las alianzas con los países de Occidente, y que creían en un destino atado a la hermandad latinoamericana o el denominado "Sur Global".

Bajo ese supuesto, Cristina Kirchner presentó ante la opinión pública la firma del Memorándum con Irán como si hubiera sido algo consistente con la tradición diplomática del país. En estos tres años, se demostró que la sociedad no pedía antinorteamericanismo, ni "patriagrandismo", ni mucho menos cercanía con regímenes teocráticos hostiles: la cercanía con Estados Unidos y el acuerdo con la Unión Europea son políticas bien vistas por la mayoría de la sociedad, y el régimen iraní es identificado como un enemigo del país.

No sabemos si fue la docencia presidencial, o un velo engañoso que finalmente cayó, pero la Argentina se reencontró con su alma occidental.

## La "macro" y los argentinos

Finalmente, el cuarto cambio de la era Milei está en las ideas económicas de los argentinos. Aunque muchos están disconformes con su situación económica personal, **es notable la penetración en la sociedad de muchas de las obsesiones de Milei, que en otras democracias liberales son parte de un sentido común extendido: que la disciplina fiscal y la austeridad del gasto público son buenas, que el individuo es responsable de su propio éxito, que los impuestos deben ser bajos y directos, y tantos otros conceptos básicos de un orden de mercado hoy son aceptados por la mayoría.**

Este último cambio es una de las columnas principales de la aprobación a la gestión de Milei: más allá de los resultados, la mayoría cree que las ideas y el rumbo económico de Milei es correcto.

Esto convierte a la Argentina de Milei en una *rara avis* de nuestro tiempo: en general, en el voto económico en las democracias se basa en el desempeño, pero aquí tenemos dos variables: satisfacción con el desempeño y acuerdo con el rumbo.

La paradoja de Milei es que cuando sus ideas económicas, tan universales en otras geografías y tan nuevas para nosotros, dejen de ser monopolio suyo y se conviertan definitivamente en propiedad de toda la clase política, él habrá perdido el rol que tanto le gusta: el de divulgador económico.

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